Un tranvía llamado desesperación

Consejo General de la Onu.
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Nos encontramos ya muy avanzado el mes de septiembre, casi a punto de comenzar el otoño y despedir con ganas a este ardiente verano que hemos padecido en España. La verdad es que nos quejamos de vicio. Seguimos siendo testigos visuales de la tragedia de la inmigración multiétnica que se viene concentrando en el corazón de Europa. ¿Podríamos imaginar el penoso sufrimiento de toda esta gente? La mayoría lleva más de tres meses viajando desde sus países de origen, Irak, Afganistán, Siria, etc. en unas condiciones infrahumanas de salubridad e higiene. La mayoría de estas familias salieron con lo puesto y si arrastraban algo más, lo han ido perdiendo por el camino, se han ido quitando lastre. Y una limitación importante es la escasez de dinero en los bolsillos, lo poco que disponían lo han ido invirtiendo casi todo en los sucesivos peajes a las mafias. Con este cuadro patológico social y económico sobre sus espaldas, lo único que ansían es llegar a Alemania o Austria la mayoría y otros continuar a Suecia o Finlandia, e intentar allí empezar una nueva vida en un entorno menos hostil y más respetuoso con los derechos humanos, cosa que jamás han encontrado en los países que los vieron nacer.

Es ciertamente paradójico que nosotros los europeos del sur discrepemos de las políticas de consolidación fiscal y de recortes e incluso se hayan defendido políticas de abandono del euro y recuperar las monedas nacionales respectivas. Por el contrario estas masas desesperadas darían cualquier cosa por alcanzar una parcelita en nuestro ya de por si deteriorado estado de bienestar. Desean con todas sus fuerzas que ese tren les traslade al “falso” paraíso de Europa del Norte, si antes no se toman medidas de cautela, el impacto psicológico será tan fuerte y negativo que les será muy difícil superar el tremendo choque con la realidad social y económica de la Unión Europea. La sombra de Kowalski – el personaje caracterizado por Marlon Brando en esa película dirigida por Elia Kazan en 1951, Un tranvía llamado deseo– les perseguirá durante mucho tiempo.

Considero que es responsabilidad de nuestros gobiernos, no haber sido capaces de liderar el proceso de globalización económica y política que se viene consolidando desde hace ya algún tiempo. Ha de ser el político responsable, el hombre de Estado quien debiera ir por delante de los acontecimientos que actualmente estamos sufriendo en Europa. Es labor de los lideres mundiales preveer los grandes acontecimientos que se van a producir a medio plazo y, de manera muy rápida establecer coordinadamente soluciones racionales y, sobre todo humanitarias.

La Unión Europea todavía no ha resuelto su situación respecto a la crisis del modelo de negocio del euro, el avance en la unión fiscal y bancaria para los próximos años, las tareas de reforma en el BCE, ahora se nos viene encima el drama migratorio no solo de los países africanos sino de Oriente Próximo y países adyacentes. Como diría aquel director frustrado del circo: “nos crecen los enanos”. Aunque no hay mal que por bien no venga. Ahora se ha enterado toda Europa del problema de la migración masiva y descontrolada. Cuando llegaban a España – y continúan arribando inmigrantes del Magreb, día si y día también – los cayucos a las costas españolas, ningún preboste europeo salió en defensa y protección de las fronteras españolas y tampoco ejerció la diplomacia europea para encontrar una solución coherente en origen a este complejo problema, que, al parecer tiene difícil solución.

Presiento que ante la oleada de migrantes que nos corresponde aceptar por la cuota establecida por la Unión Europa, es urgente establecer las medidas pertinentes para su asentamiento en las diferentes comunidades autónomas: habilitar espacios humanitarios para una rápida acomodación, preparar vestido y calzado y, desde luego alimentación. Ahora si que es necesario que Europa y España, en concreto, crezcan económicamente, van a hacer falta recursos suficientes para la sostenibilidad en sentido amplio, de aquellas familias que se vayan incorporando a los respectivos lugares ofrecidos por las autonomías y ayuntamientos. Como consecuencia de todo este programa de acogidas, será necesario también, crear más puestos de trabajo. Si falta el trabajo, falta el pan, y eso empezaría a ser un problema grave para todos los ciudadanos de este país. Para terminar solamente reflexionar que todavía estamos esperando declaraciones del Consejo de Seguridad de la ONU, ¿no sería más efectivo dejarse de hipocresías y mezquindades y pasar a la acción política y diplomacia internacional? ¿Para cuando la necesidad de aislar política y económicamente a Siria? Esto se pone cada día más difícil y tienen que reaccionar con energía y contundencia todos aquellos organismos e instituciones multilaterales para evitar que continúe este genocidio y cuidar los derechos humanos de esta población refugiada por obligación y supervivencia. ¿O ya no recordamos el exilio republicano de nuestros ciudadanos hacia Europa y America? ¿O padecemos esa triste y grave enfermedad colectiva que es el Alzheimer.

Acompaño este texto con una canción interpretada por Graham Nash y David Crosby, compuesta en 1972 y titulada Inmigration Man, no pasa el tiempo para determinados problemas sociales.

1 comentario
  1. Pedro
    Pedro Dice:

    Como tristemente era de esperar las autoridades europeas no han respondido y con la celeridad y con la contundencia esperada para dar una solución, aunque sea momentánea, a éste éxodo. Una pena que sea esta la imagen que ofrecemos a la opinión internacional.

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