Telecracia. Candidata la cándida

Autor: Antonio Vicente Pérez Romero.
Autor: Antonio Vicente Perez Romero.

Autor: Antonio Vicente Pérez Romero.

No creo en la democracia. Ale, ya lo he dicho. Y por ende casi no creería en la política de no ser porque es hermana de la voluntad, en significado, en sangre; y todo el mundo, desde el más budita al más ególatra volunteamos de vez en cuando. Pero ya que me parieron en este salón de bailes y me toca bailar, por el momento, hasta que se me ilumine o me iluminen y pueda bajar del tablero en condiciones (que soy muy sibarita), propondría el nuevo paradigma de gobierno adaptado a las nuevas circunstancias eléctricas que poseen las sociedades avanzadas.

Lejos de hacer referencia al poder de los medios de comunicación para esclavizarnos la voluntad con sugerencias tales que dejamos de ser objetivos para convertirnos en objetos, mi poco inspirado tocho de hoy viene a presentar el súmmum, la concreta chorrada que tal vez nos facilitaría las cosas, o nos metería más en la mierda, o al menos cambiaríamos de paradigma mierdoso; que cambiar de mierda también es saludable. ¿Qué si vamos a votar a un cajero como vamos a sacar dinero? Telecracia. En los pasillos por donde soplan los vientos de la inspiración venidos desde la ignota Isla de Pragma lo he oído. Al fin y al cabo, todos lo sabemos, bajo el tapete mandan los mercados, y los billetes son nuestras papeletas para (no elegir) sino engordar a tal o cual. Por lo menos me ahorraría verles la facha a algunos presidenciales prescindibles impresentables.

Se hace una propuesta vía SMS, correo o lo que sea, proveyendo TODA la información concerniente al asunto. El ciudadano se molesta en informarse, venga, sí, a estas alturas sabéis leer y entender algunas cosas benditos hijos de puta. Y luego se va, al muro de los lamentos y se mete un código, o una tarjetita, o el falo y se dice sí o no, y asunto resuelto. Sin campañas, casi sin partidos políticos, o mejor sin el casi. ¿Lo imagináis? Un gobierno moderado por una inteligencia artificial, que nos permita ser humanos sin tener que pensar en el ejercicio de la eficiencia a la hora de llegar a cubrir necesidades; que quitara de aquí para poner allá, modulando y compensando todo eso en cuestión de milésimas de segundos ( la de encuentros y comidas, y putas que nos ahorraríamos). Un superordenador por localidad o comarca si me apuran, y a vivir. Queremos estar al frente de nuestro propio gobierno, queremos ser los honorabilísimos protagonistas de nuestra égida, y no. Nosotros no podemos hacer eso, nosotros comemos a tal hora, cagamos, y nos acostamos, y nos levantamos meados, y soñamos, y no podemos dormir a veces…y todo eso.

Al menos para el punto en el que están las cosas no sería imposible, nada de eso, Telecracia: eficiencia, resultados, y fuera toda la paja emocional de las campañas y legislaturas destempladas donde el unto social se vuelve tan espeso que es intragable. Telecracia y a la mierda el hambre en África (El Convenio del Hambre (pactado todo), que eso daría para otro tocho); Telecracia y que le den por saco a los informativos que no son más que una recopilación de videos gore. ¡Gora Telecracia! Ágoras de píxeles reunidos para decidir qué propuestas mostrarnos, reducir el impacto humano en la toma de decisiones prácticas. Píxeles sin testosteronas, estrógenos, miedos e impotencias. Adiós al y tú más; hola al, me voy a votar la propuesta de hoy, ahora vuelvo. Porque podría votarse TODO, a un ritmo de decisiones diarias, nada de esperar cuatro años (Dios mío…) para hacer tal o cual cambio en la ley. No habría parlamentos ni cámaras de poderes. Sólo tú y la máquina. Pim, pam, púm…La política sería de ejercicio diario, disciplina a punta pala; imagínate si sólo te obligaran a salir a correr una vez cada cuatro años, para luego poder quejarte desde tu sofá. Pues no señora, creo que el hecho de conformarse en votar cada cuatro años no te da derecho a quejarte, gandul, en todo caso trabaja por la Telecracia, votar todos los días, ser tu propio señor. Luego pasa lo que pasa, que como sólo hacemos política cada tanto, nos levantamos del sofá, con el juicio fofo y ¡zas! Echamos la pota en las urnas, y sale lo que sale. Tenemos lo que nos merecemos, basta ya de criticar tanto a fulano, mengano o Mariano.

Cuánto me gustaría ver a Mariano liberado de sus altos ideales; verle lozano, sin tener que dedicarse a mentirse a sí mismo, verlo tumbado por ahí, en algún parque, dándole de comer a las palomas, o a las gaviotas (¡!). No es ironía, genuinamente me gustaría. Y eso va para todos y cada uno de los políticos que me he echado a la cara, o mejor dicho me han echado a través de la caja boba. Generaciones enteras de personitas que han bailado los últimos tiempos al son de la Temocracia (miedo, miedito, miedete).

El poder corrompe, eso debería ser ley cuasi inmutable. Y por ello se desprende que cualquier aspirante al poder te miente, porque no quiere el bien de todos, sino la parte del bien que cree justa. Porque no se intenta solucionar problemas o necesidades, no; previamente se cree en una ideología, y luego, se aplica sin adaptarla a la realidad ¡PUM! La cagaste Burt Lancaster. Y, o se está globalizado, o no se está. Y si gobiernas para todos, gobierna para todos, esto es, preocúpate de lo común: el comer, el beber, el dormir y el joder. Y ya. Qué ganas de encorsetarnos con altísimas quimeras, severas moralinas, ¿cómo no van a robar los poderosos? ¿Estamos negando ahora el instinto de conservación? Venga por favor, sorprenderse e indignarse, a veces creo que es igual o más hipócrita que robar en sí mismo. Que nos conocemos…

Nos ahorraríamos esos mítines donde el candidato o la candidata dice bla, bla , bla mientras al fondo te ponen una galería de cándidos candidatos a futuros candidatos con la mente recién follada (y esto va para la derecha tanto como para la izquierda). Se vota por las emociones, no por las razones, al menos, hoy en día donde todo es papel mojado; mojado de reflujos erótico-mentales. Estoy hablando de unidad, de necesidades, no de esas ideas que fuerzan las necesidades y no solucionan las de su contrincante (qué bajeza hay en esto). Nos ahorraríamos los partidos, ¿no lo veis? Estoy deseando hacerlo, no habría Ying o Yang, solamente un Vine, Vi, y Decidí, pero no Creí; no un Creí, Vine, Vi, Obvié, Mentí, Gané y te Jodí. En fin, todo se resume en que la otra noche, a las tres de la mañana vi a una antigua mina que me quitaba el sueño y me daba miedo, por lo alocada que era, a partes iguales. Un ser libre, desvergonzado, y tan acertado que no le importaba su desacierto, sólo se guiaba por su instinto, una reliquia en los tiempos que corren. Pues me la encontré pidiendo votos a las puertas de un cementerio de estos con luces y música a los que íbamos a morir los que ya cruzábamos alcoholizados el umbral hasta el mañana. Allí estaba ella, ¡pidiendo votos para su partido! ¿Dónde había quedado esa joya que hubiera preferido estar dentro divirtiéndose a claudicar al cáncer de la razón que pretende cambiar este mundo? Qué tragedia, ¡qué locura! Y le firmé, le firmé por guapa, y porque como la vi tan cándida candidata quise que esa primera inocencia de alguna manera llegue al poder y me haga callar en las convicciones que aquí propongo, que se conserve pura e idealista, pero temo por ello, y lo dudo, muy a mi pesar. Allí los dejé, a las puertas, recogiendo firmas de gente borracha mientras yo me internaba en la espesura espirituosa con unos cuantos cientos que intentábamos liberar al subconsciente esa noche, una de tantas. En eso se basa la democracia, en dar poder a uno, poder de la voluntad, para que tome decisiones, y a mí, eso me suena a rito pagano, a idolatría bastarda, a arterias lentas por las que no fluyen suficientemente rápido los deseos del corazón, de la voluntad…brujería.

Ahora dicen que una llamarada solar podría dejar inservibles todos los aparatos eléctricos de una zona localizada, o de todo el planeta. Con lo que mi Telecracia se iría al garete. Pero de alguna forma lo deseo, porque con ella se irían todas las porquerías que me han llevado a huir hacia adelante para proponerla, o al menos, no las veríamos salvo en mínimas dosis mientras vagamos por el llano en busca de algo que echarnos a la boca y nos topamos con algún tocayo. Porque al fin y al cabo quedaría lo que somos, y deberíamos ser, un lobo que arrebatado por el instinto y sin saber, ni preguntarse, por qué, aúlla a la Luna liberando en grito de dolor la pasión que le producen las potencias que en su cuerpo puede sentir.

Sentir…

Click…

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *