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Her, de Spike Jonze

Her (Spike Jonze, 2013)
Her (Spike Jonze, 2013)

Her (Spike Jonze, 2013)

Siempre que la cartelera anuncia una nueva película del controvertido Spike Jonze las reacciones dispares se suceden, florecen los sentimientos encontrados. Existen los que celebran el regreso del más arriesgado, inclasificable y vanguardista de los realizadores norteamericanos, pero también los que adelantan una nueva demostración pretenciosa y cargante de un cine pomposo pero raquítico. Con Her, un original ensayo de ciencia ficción sobre la soledad del hombre tras la revolución tecnológica, el director de Cómo ser John Malkovich, El ladrón de orquídeas y Donde habitan los monstruos nos brinda, con ironía y lirismo, una introspectiva y anacrónica mirada sobre las emociones humanas más íntimas en un entorno de confusión futurista y melancolía urbana. El director experimenta con una historia agridulce, conmovedora hasta en los momentos abonados a la diversión. Un entretenimiento, por cierto, repleto de situaciones que rozan el esperpento.

Her, entre lo racional y lo onírico, ofrece una triste mirada sobre la soledad del hombre del siglo veintiuno, representada por un taciturno escritor de cartas para terceras personas (¿existirá alguna profesión más triste, más fría, más impersonal?) y su aventura romántica con su propio sistema operativo, un asistente personal telemático con voz y alma femenina (interpretada sin presencia física por Scarlett Johansson). Bizarrada al canto; su planteamiento le concede, por goleada, el galardón a la rareza de la última cosecha cinematográfica. A pesar de tan descabellada propuesta, Jonze mantiene siempre una sensación de humanidad gracias a la pasión que inyecta en la búsqueda del realismo. Y, sobre todo, por su capacidad para convertir esa atmosfera delirante, cercana al patetismo, la paranoia y el esperpento, en un creíble y actualizado ensayo sobre las emociones más humanas.

La reflexión es curiosa, pura paradoja. El hombre tecnológico, deshumanizado e inmiscuido en sí mismo por culpa de los avances de la ciencia y alejado del conjunto de la sociedad, recurre a los avances de la ciencia para encontrar compañía y sustituir la falta de contacto humano. La máquina como causa y solución del aislamiento. Es curioso comprobar como aumenta la incomunicación en la época en que son más sencillas y directas las comunicaciones. La frialdad de la modernidad desde dos puntos de vistas cinematográficos: si Wall-E denunciaba los peligros de un potencial anquilosamiento, Her recalca el riesgo de la soledad en el momento en el que hombre y máquina traspasan la última frontera, la de las relaciones sentimentales. La comparación entre ambas entidades todavía llega más lejos: por momentos el artificio ofrece más calidez que el propio hombre. ¿Nos suena, verdad? En 2001: una odisea del espacio Kubrick ya contrastó la frialdad de los astronautas con el sufrimiento de Hal-9000.

Casi todo el peso dramático de la película recae sobre los hombros del siempre histriónico Joaquin Phoenix, sorprendente con la interpretación más contenida y sensible de su carrera, alejada de los excesos de papeles anteriores. Aún con el freno echado su estado de gracia deslumbra de nuevo, evitando caer en la sosería en su papel de escritor hastiado que ha perdido la pasión por la vida. La habitual exquisitez estética de Jonze potencia la ternura atmosférica, trasmitiendo sinceridad emocional (romanticismo, por qué no decirlo) en el marco de una grotesca e improbable nueva versión de las relaciones sentimentales.

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