¿Solidaridad? si, con condiciones

siria

En torno al tema de la acogida de los refugiados de Siria, deseo manifestar lo siguiente:

La solidaridad es un acto noble del ser humano que ensancha el corazón de quien la práctica. Pero, En este caso, la solidaridad no es un acto individual, es colectivo y puede tener unas repercusiones muy concretas en el lugar de acogida, por eso, me voy a permitir hacer una reflexión al respecto de este tema.

Lo primero que me viene a la mente es ¿Por qué es un problema que debe abordar única y exclusivamente Europa? Debería tener dimensión mundial. ¿Por qué hay países como Arabia Saudí, Brunei, Qatar, Kuwaitt o Emiratos Árabes, países todos ellos ricos riquísimos, que no han acogido a ninguno y, sin embargo, están mucho más cercanos tanto geográfica como culturalmente a estos refugiados? ¿No se corre el riesgo de que haya un choque cultural grande? El Islam no se caracteriza por integrarse allí donde va, ellos desean que sean los demás los que se integren a su cultura ¿En medio de estos refugiados no podrían entrar muchos yihadistas terroristas? Se ha oído el rumor de que ya han pasado, mezclados con los refugiados, algo así como 4000 yihadistas, al igual que se mezclan otros muchos que no son refugiados, simplemente quieren mejorar su situación económica. España, con un 22 % de paro, más de 5 millones de parados ¿Puede acoger a todos los que quieran venir, como algún partido ha planteado que habría que hacer? ¿Se les puede dar tarjeta sanitaria, 400 euros al mes y un piso, algo que ni tan siquiera algunos españoles tienen?

Por todo ello, si se pretende ser solidario, hagámoslo con cabeza y no sólo con el corazón. Pienso que algunas cosas se podrían hacer para que esta ayuda no resulte gravosa y peligrosa para nuestra población, a saber: 1)Entrada sólo de familias y no de hombres solteros. 2)Miraría muy bien los antecedentes penales de quien pretende entrar. 3)Les haría firmar una especie de contrato en el que se comprometan a aceptar las costumbres del país al que llegan, país occidental, sin intentar imponer ninguna de las suyas, a volver a sus países cuando se resuelva el conflicto y, en dicho contrato, incluiría la posibilidad de deportación ante cualquier problema que puedan dar. No hay que dejarse llevar por los buenísimos y los populismos de discurso fácil pero totalmente irresponsables, el efecto llamada que pueden crear nos pueden complicar mucho más. Presuponer la bondad de todos los que entran, es presuponer demasiado, y pensar además que todos los que vayan en esos grupos son lo que dicen ser y huyen de una guerra, es caer en la pura ingenuidad.

En conclusión, seamos solidarios, pero no más de lo que este país pueda soportar, y desde luego, filtrando muy bien quién tiene que entrar. Hacerlo de otra manera puede suponer un enorme riesgo para nuestra seguridad y costumbres y una carga excesivamente gravosa en nuestra economía.

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