Síndrome de indefensión adquirida o desesperanza aprendida.

Sindrome de indefension adquirida

Sindrome de indefension adquiridaNavegando por  internet encontré hace unos días la definición de un término empleado en psicología que me resultó interesante. Un poco por juego, y desde la certeza absoluta de que servidora es una ciudadana, no digamos ejemplar, pero si media, que cumple con sus deberes fiscales,  procura no aparcar en doble fila y no está chiflada, me pareció buena idea leer un poco al respecto, más que nada por si conocía a alguien dentro del perfil que pudiera identificar.

Éste es por tanto un artículo, digamos, de divulgación científica en el que transcribo en gran medida la información que podrían encontrar en cualquier manual o página de temática psicológica, no con mucha profundidad al respecto, pero sí, por el contrario, un resúmen de lo esencial.

Basicamente el término de indefensión aprendida hace referencia al condicionamiento al fracaso y la pasividad que un individuo o animal desarrolla en una situación después de haber experimentado en la misma y previamente una posición de indefensión. Este término no podría haber sido acuñado sin la inestimable colabolación involuntaria de dos perritos, cuyos nombres y raza no han trascendido, y a quienes desde aquí damos las gracias. El experimento en cuestión consistió en lo siguiente; dos perros de raza y nombre X fueron introducidos en sendas jaulas electrificadas, iguales en todo excepto en que una de ellas tenía una palanca que abría la puerta. Tras un tiempo de permanencia, pudo constarse que el perrito A, que había sido confinado en la jaula con corriente y sin palanca, no mostraba ninguna curiosidad, reacción ni interacción con la palanca cuando se le cambiaba de jaula. La conclusión es que había aprendido que no podía escapar y estaba condicionado para no intentarlo.

La vida humana, dependiendo de cómo sea vivida, y de nuestra manera de relacionarnos con el mundo, puede ser una sucesión de experiencias hermosas, nutritivas y significativas que nos permitan alcanzar plenitud y paz. También es posible, sin embargo, que esas experiencias resulten frustrantes, dolorosas y desalentadoras.  La desesperanza es la “enfermedad del alma”, como la llamó Nietzsche, una jaula sin amor, confianza, entusiasmo, alegría y fe, porque allí no es posible aliviar ni remediar una situación negativa, es una maldición paralizante y limitante, el abandono de los sueños. En el medio natural, cuando un animal se siente en peligro se queda congelado, paralizado pero con la finalidad de no dar ventaja a su enemigo, a la vez que sus constantes vitales se aceleran para preparar la huida o la lucha. El problema es cuando  se está en una situación de inmovilidad en la que no es posible ni la huída ni la lucha, cuando se asume la derrota y se asimila y justifica que estamos indefensos ante las dificultades de la vida, y hasta incluso que tenemos la culpa.

A mí  me gustaría compartir con el lector mis impresiones a ver si son sólo cosas mías o ustedes cómo lo ven; me recuerda todo esto el discurso político de estos tiempos; hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, nosotros, los ciudadanos que compramos una casa a precio de oro con un recargo en dinero negro astronómico que nadie controlaba, tenemos la culpa. Porque destruir empleo público y prestaciones sociales, en educación, en sanidad, en atención a la dependencia, en becas y ayudas de todo tipo, es la única política coherente y sensata que podemos aplicar en estos momentos, es una austeridad necesaria y no hay más que hablar, ni nada que podamos hacer al respecto. ¿No tienen la sensación de que nos van imponiendo una realidad a través de este, en principio desajuste psicológico, pero a lo que se ve también herramienta política? Yo sí.Sindrome de indefension adquirida

Ayer casualmente pensaba en esto. Me encontré con una conocida que estaba tomándose un Nestea a medias con una amiga suya que también le da de fumar porque está sin trabajo, claro, y me comentaba que el año anterior se había apuntado a clases para sacarse el acceso a la universidad para mayores de veinticinco años. Me contaba indignada, y con razón, que su profesor, topógrafo, les había dicho el primer de clase que no tenía ni idea de biología pero que como había aprobado la plaza, la administración lo tenía que colocar en algún sitio y había ido a parar allí. Mi amiga estaba muy cabreada, comprensible, porque había acabado dejando los estudios, y reflexionaba acerca de la necesidad de personal con vocación para la docencia. Sinceramente creo que la vocación poco tiene que ver con que a uno le pongan a hacer una cosa de la que no tiene ni idea, que no debe ser muy motivador, pero además es que este señor en cuestión puede que tuviera una gran inclinación, pero por la topopgrafía, en todo caso.

Puede que, desde otro punto de vista, hasta sea bueno que los profesionales no asuman tan campantes los mandatos del sistema sin nisiquiera hacer partícipes al resto de cómo funcionan las cosas, y que fueran comprendidos y no acusados, porque nosotros, digan lo que digan, no tenemos la culpa de las decisiones que otros toman, y está por ver que sean tan inamovibles. Que parece que lo sean; por eso nos matamos a rellenar papeles que dejen constancia de un montón de procesos de que en realidad no se pueden llevar a cabo por falta de medios, tiempo, personal y formación, en educación al menos, que es el terrenos que servidora ha pisado. ¿Por miedo?, ¿Por indefensión?

Me pregunto qué pasaría con el perro B, el que estuvo en la jaula con palanca y sintió que tenía algún control sobre la situación, que sí había algo que podía hacer. ¿Qué sentiría cuando perdiera esta herramienta y cómo le afectaría? ¿Me pregunto si, de haber vuelto alguna vez a la jaula con válvula de escape se acordaría de que un día sabía usarla, o si había perdido para entonces ya la fe?  No sé cuál sería su suerte, él sin la palabra, sin la capacidad de crear para sí mismo una nueva realidad, de decirse a sí mismo;  se trata de una idea y no de una realidad, cada día es nuevo y está lleno de oportunidades, puedo usar mi creatividad para buscar respuestas adecuadas a lo que percibo como una amenaza y hay gente a mi alrededor de la que aprender y en quien confiar. Al menos nosotros tenemos la palabra, la última palabra tal vez.

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