Philip Seymour Hoffman y la economía global

Philip Seymour Hoffman (Fuente: www.welovecinema.fr).

Philip Seymour Hoffman (Fuente: www.welovecinema.fr).

A lo largo de esta primera entrada correspondiente a la etapa otoñal tengo el placer de poder escribir y reflexionar en torno a una película que he podido disfrutar recientemente, protagonizada por el magistral actor estadounidense, Philip Seymour Hoffman. Fallecido tristemente el pasado febrero; la cinta es, “El hombre más buscado” (2014), dirigida por el canadiense Anton Corbjin, un gran especialista en fotografía y magníficos encuadres. Antes de nada he de decir dos cosas, la primera es que soy un confeso y recalcitrante admirador de este pedazo de actor y segundo, la peli está basada en la novela homónima de otro gran genio de la literatura de espías y servicios secretos, John Le Carré, especialista en la creación de tramas y atmósferas de espionaje asfixiantes y típicamente subterráneas. Algunos de vosotros os preguntareis: pero ¿Qué tiene que ver Philip con la economía y sus derivados? Y puede que tengáis razón, aunque intentaré enlazar de algún modo coherente la trama de la novela, con algunos de los comportamientos de determinados agentes económicos que intervienen en el argumento y que son ciertamente muy reales, los podemos ver moviéndose por los recovecos de la economía oficial y la shadow economy.

La trama se fundamenta en los miedos que origina la llegada de un inmigrante musulmán a la ciudad alemana de Hamburgo, en la que existe una importante comunidad de musulmanes de todas las creencias y ramificaciones. Esta información alerta a los servicios secretos que pululan por los barrios donde se concentran todos ellos. Todavía no se han repuesto de los errores cometidos por sus hombres a raíz de los atentados del 11-S en los Estados Unidos. No hay que olvidar que todo partió de aquí, de Hamburgo.

Como podréis comprender dentro de dicha trama existe la circulación del vil metal, el dinero, los dólares que el hombre más buscado viene a recuperar a un banco de Hamburgo y que se presume puede ser el comienzo de un premeditado atentado terrorista en un corto plazo. Una vez que he disfrutado de dicha película, aparte de corroborar una vez más la grandeza de este actor, intento reflexionar e intentar asociar lo visto con la realidad económica que nos circunda.

Cada uno de nosotros nos encontramos ofuscados por la búsqueda de los euros necesarios para poder llegar a fin de mes. Y a estas alturas ya no importa mucho si es a través de la economía oficial o bien desde la archiconocida economía subterránea o informal. Por cierto, quiero hacer constar que el peso de dicha economía en el PIB se encuentra entre un 20/25 % del PIB. Si a este dato le sumamos el mensaje que nos trasladan las autoridades económicas nacionales como desde la Comisión Europea, intentar crear una atmosfera de miedo, de temor al futuro. Hace unos días se nos lanzaba el mensaje optimista de haber visto “raíces profundas” en la recuperación económica. Semanas después el mensaje desde el BCE y el FMI es muy distinto, más miedo: cuidado todavía es posible que volvamos a sufrir una nueva recesión. Algunos de los países vecinos no crecen o no van crecer como estaba previsto. De modo que me da la sensación que el trabajo realizado por los especialistas de los servicios secretos autóctonos está siendo muy eficaz. Disponen de los topos necesarios para recabar información de primera mano y saben todos nuestros movimientos, conocen nuestras fuerzas y nuestras debilidades. De modo que atentos porque el “Big Brother” de Orwell se encuentra muy activo y vigilante sobre cada uno de nosotros.

No nos queda otra solución que continuar con nuestra búsqueda de euros que nos permita salir adelante pudiendo sobrevivir a esta situación deflacionaria y paralizante. Nadie sabe cuanto durará este proceso de deterioro y ruina, las expectativas son absolutamente inciertas. Cada semana se barajan diferentes datos de porcentajes de crecimiento, como si una décimas, 0.4%, 0,5% o 0,2% de probable o estimado crecimiento del PIB pudiera significar mayor felicidad, más prosperidad o más creación de empleo y consideración hacia los dependientes o el talento que ha de salir al extranjero para buscar sus euros o sus dólares. Termino preguntándome que le pasaría por la cabeza a Philip Seymour Hoffman- Gunther Bachmann en la película póstuma- para tomar una decisión tan definitiva. Quizá no fue capaz de aceptar los retos que nos impone la cruel globalización económica y política. También la innoble traición de algunos elementos cercanos o la taimada hipocresía circundante.

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