“No tengo nada pero te doy la mitad”

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La situación creada en Grecia actualmente bien merece un buen análisis de la situación. A tenor de esa coyuntura, lo primero que a uno se le ocurre pensar es ¿Cómo se ha llegado hasta ahí? ¿Cómo puede elegir un pueblo por gran mayoría ser gobernados por un partido comunista, con un programa marxista, quizás anacrónico y fuera de todo lo que podríamos llamar moderación?

Dicen que cada país tiene el gobierno que merece, probablemente este sea el caso. Grecia llevaba demasiados años viviendo una fantasía: no pagar apenas impuestos, jubilaciones a los 48 años con el 100% del sueldo, cobrando pensiones de personas fallecidas, falseando las cuentas, etc, etc. Y llega la crisis y aquel mundo ficticio en el que se estaba viviendo se desmorona, se deshace como un azucarillo, quedando la realidad pura y dura al descubierto como era la de un país que vivía del préstamo y una vida muy por encima de sus posibilidades. Y tiene que venir el rescate y con él unas medidas austeras que no son plato de buen gusto para nadie: reducción del número de funcionarios, bajada de sueldos a veces hasta de un 50%, supresión de ayudas sociales, etc.

En este río revuelto de desgracias, frustraciones, privaciones y anhelos de una vida mejor llega el partido de Syriza y arrasa en las elecciones prometiendo lo que no puede cumplir.

¿Qué alternativas le quedan? Si sigue respetando a la troika y cumpliendo con los compromisos que tiene en Europa, le da la espalda a sus promesas y a su electorado, si lleva su programa comunista de nacionalizaciones, de no reconocer los interlocutores europeos, negándose a pagar la deuda o pretendiendo transformarla en no sé qué bonos, se queda en poco tiempo sin la ayuda europea y por lo tanto, sin dinero disponible. Gran encrucijada la que ahora vive Grecia.

Ante una coyuntura de ese tipo, lo que puede ser letal es hacer políticas radicales. Como dijo San Ignacio de Loyola, “ante la desolación no hacer mudanza”, sabia frase, que ya de por sí nos hace pensar en una manera de enfrentar la vida con sensatez, sin dejarse llevar por el impulso del momento que puede ser engañoso, buscando por otra parte ese equilibrio que pueda ser beneficioso para todas las partes y no lanzarse a un populismo indiscriminado, en especial cuando un país como Grecia, carente de una base económica fuerte, tan sólo puede vender humo. En estos días en los que veíamos a través de la televisión al ministro de finanzas del país heleno negociando con algunos dirigentes de la UE, a mí me recordaba aquella frase que le dice uno de los hermanos Marx (Chico) a Groucho, “no tengo nada pero te doy la mitad”. Dios quiera que este país pueda armar su economía y encuentre el norte y destino adecuado para salir adelante, me cuesta concebir una Europa sin Grecia, origen mismo de toda nuestra cultura occidental y del sistema que actualmente rige nuestras naciones.

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