Los 43 de Ayotzinapa, un año de ausencia

Veladoras en el Zócalo capitalino en memoria de los normalistas de Ayotzinapa (Foto: Octavio Gómez. Fuente: www.proceso.com.mx)
Veladoras en el Zócalo capitalino en memoria de los normalistas de Ayotzinapa (Foto: Octavio Gómez. Fuente: www.proceso.com.mx)

Veladoras en el Zócalo capitalino en memoria de los normalistas de Ayotzinapa (Foto: Octavio Gómez. Fuente: www.proceso.com.mx)

“Nos quitaron tanto que nos quitaron el miedo”.

Nos encontramos en la víspera de un aniversario que nunca debió llegar. Mañana se cumple un año del ya conocido incidente de la desaparición de los 43 estudiantes, los normalistas de Ayotzinapa. En los días que han transcurrido desde entonces hemos sido testigos y actores de un sin número de actos de protesta, que con diferentes tiempos, formas y estilos, han materializado la indignación y rabia de la sociedad civil.
Para nadie resulta ya desconocida la frase los 43 de Ayotzinapa, incluso para los que sólo de oídas se han enterado de una de las transgresiones más brutales perpetradas en contra de la población. Sin embargo hoy, a la vuelta de un año seguimos sin conocer la verdad de lo acontecido, seguimos sin respuestas a las inumerables preguntas que el pueblo de México y la comunidad internacional han planteado sobre el tema.
Por si fuera poco, la mayoría de los medios de comunicación han avivado el clima de desconcierto manejando distintas versiones de lo sucedido, cuya lejanía de la verdad obedece a los intereses políticos y económicos que representan, contaminando así a la ciudadanía con información viciada, sesgada y censurada. Ayotzinapa se ha convertido en materia de desinformación como un ejemplo más de las ya recurrentes prácticas de manipulación mediática como lo estudiaran a detalle Giovanni Sartori en su obra “Homo videns: La sociedad teledirigida” y Pascual Serrano en su libro “Desinformación. Cómo los medios ocultan al mundo”.
Antes de recordar lo acontecido el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, me gustaría contextualizar brevemente la situación de aquella zona rural de Guerrero y las causas que dieron origen a lo que a todas luces parece ser la desaparición forzada de estudiantes a manos de autoridades mexicanas y miembros del crimen organizado.
En primer lugar, es imprescindible hablar sobre las Escuelas Normales Rurales, creadas a principios del siglo XX con la finalidad de formar maestros que prestaran sus servicios en las regiones menos desarrolladas del país. Desde sus orígenes estas instituciones educativas han contado con escasos recursos económicos, lo que ha condenado a la desaparición a un gran número de escuelas y al resto las ha mantenido en una constante lucha por su supervivencia. El profundo rezago y abandono es por demás visible en las imágenes que de estos recintos de enseñanza transitan en las redes sociales, y nos recuerda nuestra innegable realidad: el Estado mexicano no invierte en la educación y condena a la mayoría de los mexicanos a vivir en la pobreza.
La falta de interés y de voluntad política de los gobernantes en turno para destinar los recursos necesarios para el mantenimiento y desarrollo de la educación en estas regiones, ha suscitado que los estudiantes, cansados de formular sus peticiones por los canales establecidos, hayan optado por la protesta pública rebasando en ocasiones los límites normativamente permitidos.
Así, el pasado 26 de septiembre estudiantes del municipio de Ayotzinapa se desplazaron a la ciudad de Iguala en el estado de Guerrero, tomando por la fuerza autobuses de transporte de pasajeros, para exigir al gobierno del estado la asignación de recursos económicos necesarios para el funcionamiento de las escuelas rurales de la zona. Como todos sabemos, la protesta desencadenó en violentos enfrentamientos entre los normalistas, la policía municipal y miembros del ejército mexicano, dejando seis muertos, una veintena de heridos y 43 jóvenes detenidos y desaparecidos en circunstancias aún no esclarecidas por las autoridades del Estado Mexicano.
Durante los trabajos de búsqueda sólo se identificaron los restos de dos de los normalistas y sin embargo se localizaron alrededor de seis fosas clandestinas con una gran cantidad de cadáveres. Esos cuerpos continúan al día de hoy como dijera Jenaro Villamil “sin nombre, sin registro, sin huellas, sin rostros, incluso, sin brazos ni piernas… son los olvidados… en un país de narcofosas”.

Ayotzinapa, las protestas (Fuente: www.sie7edechiapas.com).

Ayotzinapa, las protestas (Fuente: www.sie7edechiapas.com).

Lo más lamentable resulta ser el diagnóstico que podemos hacer en la víspera del aniversario, cuyo cumplimiento parece inminente: la versión oficial o “Verdad Histórica” del ex Procurador General de Justicia Jesús Murillo Karam, que sostuvo la muerte de los 43 normalistas y su posterior incineración en un basurero de Cocula, a manos de integrantes del Cártel Guerreros Unidos y con la anuencia del oficiales de la policía municipal, fue brutalmente desmentida por el Grupo Interdisciplinarios de Expertos Independientes de la OEA, quienes demostraron la imposibilidad de que tantos cuerpos fueran incinerados en la forma y términos referidos en la investigación de la autoridad ministerial y señalaron los cabos sueltos e incongruencias de las hipótesis presentadas por la fiscalía.
Por si fuera poco, ésta no ha sido la única afrenta a la versión de las autoridades. Dentro de la investigación oficial se obtuvieron las confesiones de los presuntos sicarios que incineraron a los normalistas, misma que según los expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos fue obtenida mediante tortura a quienes resultaron ser albañiles de la zona.
Las recurrentes y sistemáticas incongruencias en las que ha caído la investigación oficial, hacen presumir que los hechos descritos implican no sólo a las autoridades locales, a miembros del ejército y a presuntos miembros del crimen organizado, sino también a importantes personajes del gobierno federal.
Hoy, pese a las demandas formuladas por los familiares de los normalistas al ejecutivo federal, y pese a las incontables protestas que en distintas magnitudes se han hecho escuchar, todo sigue como antes. Hay nuevos compromisos pero ninguno sustantivo. Nuevas exigencias pero ausencia de voluntad política. Muchos detenidos pero ningún responsable. En resumen, no se vislumbra un verdadero esclarecimiento de los hechos.
El pueblo de México y el mundo es testigo de un crimen de lesa humanidad y las autoridades continúan promoviendo la impunidad. No obstante, y pese a todos los obstáculos, los familiares de los normalistas continúan su búsqueda incansable de respuestas y junto a ellos los que nos resistimos a aceptar que el miedo extinga nuestra rabia.

“Porque vivos se los llevaron y vivos los queremos”.

Pasar lista (Fuente: www.paradigmas.mx).

Pasar lista (Fuente: www.paradigmas.mx).

2 comentarios
  1. Ernesto Fuentes
    Ernesto Fuentes Dice:

    Muy cierto, es el aniversario al que nunca debimos llegar. Y eso que no se cuentan a todos los desaparecidos que aun siguen lastimando a miles de familias…

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  2. Maria Eugenia
    Maria Eugenia Dice:

    Es lamentable que este tipo de historias se repitan a lo largo y ancho de este mundo. Sin olvidar, hay que seguir levantando la voz por una sociedad sin corrupción ni víctima del miedo. Excelente artículo

    Responder

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