A las cuatro de la mañana –Remember– Te esperaré

Foto: Elliot Birkin. Modelo: Suso.

Foto: Elliot Birkin. Modelo: Suso.

Foto: Elliot Birkin. Modelo: Suso.

La otra noche,  tu presencia sudorosa y ardiente me despertó a las cuatro de la mañana.

 

Dormía. El aroma dulce y profundo del sexo acarició mis sonámbulas fosas nasales, desvelándome. Fue algo sorpresivo.

 

Pensé que tu espectro sensorial, queriendo devorarme el alma, había comenzado aprovechándose de mi sueño. Fue en el reino de lo onírico dónde sentí tu verga acercarse a mis labios. Rodearlos lentamente. Incitar a mi lengua dormida que, torpe y a tientas, se escapaba de mi boca y lamía el vacío, como una rana que intenta atrapar un bichito que intuye, que no puede alcanzar.

 

Y cuando al fin desperté, ya no estabas. Los átomos errantes de tu fiebre se habían alejado al estallar en mi sueño, convirtiendo mi vigilia en pesadilla, por tener que sobrevivir a la ausencia de tu presencia imaginada.

 

Cansada de esperar tu regreso, volví a dormirme en el sofá. Y entonces soñé tu polla rígida y gruesa. Fue la espada que atravesó la flor carnívora de mi boca. Fue una roca en la que amarré el pájaro volátil de mi cuerpo. Fue el explorador que descubrió las zonas vagamente inexploradas de mi anatomía, rincones que se morían por saber qué ocurriría al ser colonizados y devorados por una maldita aparición que te desvela a las cuatro de la mañana.

 

No. No puedo conformarme con el recuerdo de un gemido y esas sábanas revueltas. Necesito algo más.

 

A partir de ahora, te esperaré cada día a las cuatro de la mañana. Porque tu presencia ha poseído mis manos que ahora tienen vida propia y desean tu regreso. 

 

Mis manos. Mis manos acariciarán tu frente. Mis uñas atravesarán tu cuero cabelludo. Mis dedos se hundirán en la carne y  se agarrarán a tu blanca calavera.

 

Mis manos. Ellas llegarán  hasta el fondo de tus ideas y verterán tus regalos en la rosa ensangrentada de mi boca. Y serán besos hermosos y Shakesperianos. De esos que nublan el entendimiento y hacen que te olvides hasta de quien eres. 

 

Tú, dueño de las noches desveladas, serás el juguete febril que mi alcoba desea. Y esperaré a que vuelvas, pero no abriré los ojos al sentir tu aliento. No, no, no, no. La próxima vez, me haré la dormida para que no desaparezcas y así podré sentir el tacto de tu piel ascendiendo por mis muslos, separándome las piernas. Tus manos azotándome, adentrándose en mis nalgas. Y tus dedos visionarios entreabriendo los labios de esta boca que te habla y que la próxima noche permitiré que explores hasta dejarme sin voz y sin palabras.

 

En nuestros sueños.

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