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La manada de Scorsese

Leonardo DiCaprio, Martin Scorsese y Jonah Hill, los lobos de Wall Street
Leonardo DiCaprio, Martin Scorsese y Jonah Hill, los lobos de Wall Street

Leonardo DiCaprio, Martin Scorsese y Jonah Hill, los lobos de Wall Street

El pasado mes de noviembre Martin Scorsese cumplió 71 años. Un mes después, durante la presentación de El lobo de Wall Street, declaró que su jubilación estaba más cerca de lo que a él mismo le gustaría. Pocos podrían pensar que la vigorosidad de semejante tragicomedia dionisiaca sea obra de un señor al borde de la retirada. Tras la preciosa y tan poco Scorseniana La invención de Hugo (2011), Martin recurre a su brillante y habitual asociación (quinta en once años) con un monstruosos Leonardo DiCaprio para divertirnos como nunca con una sátira sobre la cultura capitalista norteamericana. La energía se desborda sobre un montaje vibrante (marca de la casa) y unas actuaciones pletóricas centradas en las gamberradas del protagonista y su manada de lobos. Brillante Jonah Hill: si DiCaprio supone para el cine de Scorsese del nuevo milenio lo que Robert de Niro hace dos décadas, Hill irrumpe en la escena con el nervio de secundario de Joe Pesci.

Scorsese adapta a la gran pantalla la ascensión y caída de Jordan Belfort, el famoso brocker neoyorkino que en los noventa se hizo multimillonario a través de una escalada de estafas relacionadas con el mercado de valores y la corrupción del sistema económico. Y entre fraude y fraude, sexo, drogas y rock’n’roll. La versión más frívola del sueño americano. Con el prestigioso Terence Winter de HBO (Los Soprano, Boardwalk empire) al frente del guion, el neoyorkino actualiza la expresividad de Uno de los nuestros (1990) y Casino (1995) con una narración frenética que transforma la violencia física y la agresividad moral en un ejercicio explícito de hedonismo, excesos y carencia de escrúpulos. En esta ocasión, el mundo de la mafia deja paso a otro tipo de delincuentes, igual de organizados, pero con menos literatura: los especuladores y malversadores bursátiles.

“La energía que desprende su manada no parece propia de un director septuagenario. A no ser, claro, que ese director se llame Martin Scorsese.”

Una lectura diferente de El lobo de Wall Street nos muestra una ilustración grotesca del boom económico de los noventa, preludio del posterior derrumbamiento de la burbuja económica del mundo capitalista. La diferencia con otras producciones más realistas, como Margin Call (J.C. Chandor, 2011), The Flaw (David Sington, 2011), Inside Job (Charles Ferguson, 2010), The company men (John Wells, 2010) o Malas noticias (Curtis Hanson, 2011), reside en el compromiso de éstas por explicar el origen y las claves de la actual crisis económica de una manera más exhaustiva. Menos espectacular, en definitiva.

Como decíamos, el realizador aseguró durante la promoción de su última obra que le quedan un par de películas antes de retirarse. Quién lo diría. La energía que desprende su manada no parece propia de un director septuagenario. A no ser, claro, que ese director se llame Martin Scorsese.

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