La historia del Rock en 25 canciones (tercera parte)

Every breath you take (The Police, 1983)

The Police

The Police, la nueva ola del Rock de estadio.

Después de la tempestad llegó la calma. Los ochenta se acercaban cuando las aguas turbulentas del rock volvían a su cauce después de la tormenta purificadora del punk. A la playa del rock llegaron los restos renacidos de un género preparado para nuevos caminos. Así nació la era new wave, una nueva ola capaz de combinar la energía heredada del punk con los sonidos luminosos del pop. Una nueva generación de nuevos músicos que añoraban los alegres años sesenta recuperaron el espíritu festivo y juvenil del primer rock and roll. Madness, Jam, Elvis Costello, New Order, Depeche Mode, The Police, Pretenders, entre otros, enriquecieron un movimiento que trascendió lo musical para aportar sus propios rasgos estéticos. Las melodías se suavizaron acompañando a unas voces más trasparentes. Los desterrados sintetizadores, despreciados durante el reinado del punk, regresaron para complementar a las guitarras. La nueva ola desarrolló dos caminos paralelos en Gran Bretaña y Estados Unidos, fomentando una diversidad de formas de expresión: post punk, synthpop, new romantic, 2 tone o dark wave. Sin embargo, pese a los intentos de recuperar la esencia de aquella época, el rock había perdido toda su fuerza provocadora al ser aceptado de forma masiva; la llegada de los mass media (medios de masas), en especial la televisión, le privó de la mística que le concedía la clandestinidad.

Andy Summers, Steward Copeland y Gordon Matthew Sumner, más conocido como Sting, fueron las tres caras detrás de The Police, uno de los tríos en mayúsculas de la historia del rock. Mientras la crítica aplaudía su calidad musical, la industria y el gran público valoraban su ramalazo comercial. En los ochenta significaron lo mismo que Beatles y Stones veinte años antes en clave popular, lo que catapultaría de inmediato al circo del rock de estadio. A los sonidos depurados y brillantes del new wave, posteriores a la eclosión del punk, los londinenses añadieron el exotismo de unas bases rítmicas inspiradas en ecos del reggae y el jazz, si bien el brillo de su música se asentó en un descomunal talento instrumental y compositivo.

La carrera de The Police fue tan breve como fructífera. Así lo atestigua su robusta discografía. En apenas cinco años su caudal productivo fue tan rico como para lanzar al mercado cinco brillantes álbumes de estudio. De similar factura, sin duda, pero asentados en su exitosa fórmula armoniosa entre los gustos del público y de la crítica: Outlandos d’Amour (1978), Reggatta de Blanc (1979), Zenyatta mondatta (1980), Ghost in the machine (1981) y Synchronicity (1983).

There is a light that never goes out (The Smiths, 1986)

The Smiths

The Smiths, pioneros del Rock independiente.

La ascensión popular del rock era imparable. Las ventas se disparaban y las discográficas se frotaban las manos. El matrimonio entre rock y los medios de comunicación de masas abonó el terreno; la televisión era el marco perfecto para que el star system, tan denostado por el punk, regresara con fuerza. Las discográficas aprovechaban el estatus social de las estrellas del género para ampliar sus ventas mediante potentes campañas de marketing, que incluían videoclips y aparición recurrentes en los programas de moda. La música pasó a un segundo plano convirtiéndose, en muchos casos, en un producto más de la sociedad de consumo destinado a la comercialización y la multiplicación de los beneficios económicos. En medio de aquel panorama interesado de números y artificios, un batallón de sellos independientes se plantó ante la corriente mainstream de la época, desmarcándose de los canales habituales de producción y distribución. Frente al pop prefabricado y la alargada mano de la industria, reivindicaron los valores del rock clásico, no sólo en lo musical, sino también en lo ideológico. Para muchos músicos supuso una ventana abierta hacia la libertad artística y el control de sus carreras.

Entre los asistentes al mítico concierto que los Sex Pistols dieron en Manchester, el 4 de junio de 1976 en el Lesser Free Trade Hall, no faltó un joven y rebelde Morrisey (como ya contamos en el anterior capítulo). Quizá nadie era consciente en aquella sala, pero aquella cita resultó clave para la futura escena de Manchester (la movida Madchester, antecesora inmediata del Britpop), ciudad abandonada hasta entonces si la comparamos con las mitificadas Liverpool y Londres. Seis años más tarde llegó el debut del grupo creado por el propio Morrisey y Johnny Marr, The Smiths, como teloneros en el club Hacienda de la localidad del Noroeste. Poco antes había sido el propio Marr el que se había fijado en la voz del excéntrico Morrisey como el contrapunto perfecto para las melodías de su guitarra. Andy Rourke, con el bajo, y Mike Joyce, a la batería, completaron la formación.

Morrisey acapara casi todo el protagonismo. Su polémica e introvertida figura concentraría los focos en sus sarcásticas y grises letras sobre la soledad y el amor trágico. Por el camino toda una retahíla ególatra, vegetariana y exhibicionista en el discurso de un charlatán genial. En la sombra, Marr iluminaba las composiciones y la voz, melancólica y ambigua, del propio Morrisey gracias a un sonido dinámico y enérgico (heredado del punk) suavizado con melodías cercanas al pop, inspiradas en el new wave, el punk y el rockabilly.

I still haven’t found what I’m looking for (U2, 1987)

U2

U2, nexo popular de la corriente underground.

Nos encontramos en los albores de la década de los ochenta; los ecos punk cada vez son más lejanos. Tras la purga de tan radical movimiento, una nueva paleta de sonidos iba tomando forma. Tabla rasa. Heredado el ritmo vertiginoso en la base de las canciones, las melodías se dulcificaron de la mano de las actitudes. La intromisión de la televisión y el colmillo de las discográficas favorecieron la aparición del pop más comercial, precediendo a la respuesta underground de los sellos independientes. Entre ambas tendencias, algunos como U2 se adaptaron desde las raíces post punk hacia sonidos más populares y melódicos sin dejar de experimentar en cada disco con nuevos matices. Síntesis calculada entre lirismo y contundencia, los textos comprometidos de su líder cambiaron de vehículo tantas veces como de sonido la banda, sensibles a cada cambio de tendencia: desde el pop luminoso hasta el rock más oscuro, pasando por el disco, la electrónica y el rock independiente.


En Dublín, capital de la república de Irlanda, un cartel en el tablón de anuncios en el Mount Temple High School, colgado por el batería Larry Mullen Jr., fue el origen de la banda de rock Feedback. Era el año 1976. Dave Evans (guitarra), Adam Clayton (bajo) y Paul Hewson (voz) completaron la formación que años más tardes cambiaría su nombre por el de U2, al mismo tiempo que Evans y Hewson adoptaban los pseudónimos de The Edge y Bono. Aquello no fue más que el comienza, la génesis de uno de los grandes monstruos de la historia del rock, especialmente reconocidos por su militancia política y su compromiso espiritual y religioso.

Heres comes your man (Pixies, 1989)

Pixies

Pixies, la vía americana del Rock alternativo.

Los ya mencionados sellos independientes, respuesta ante la manipulación artística de las grandes casas discográficas y las consecuencias de la masificación de la música popular, fueron el germen del rock alternativo. Relacionado, inevitablemente, con la cultura underground, confeccionó sus propios circuitos subterráneos para la producción y distribución de los trabajos: bares, pubs, clubes, e incluso emisoras de radio universitarias. Un nuevo estilo, con armonías menos melódicas y más oscuras, despreocupado (en principio) por las ventas y el márketing propio de las tendencias mainstream. En conjunto, el rock alternativo se compuso de un buen número de subgéneros herederos del espíritu punk, tales como el shoegazing, el noise rock, el grunge, el britpop o el indie rock. Con el tiempo, muchos de aquellos grupos (Sonic Youth, The Cure, R.E.M., The Smashing Pumpkins o Radiohead) comenzaron a escucharse más allá de los circuitos independientes, a tener éxito entre las fórmulas más comerciales, demostrando (en muchos casos) que aquella transgresión no suponía necesariamente una merma en la calidad musical.

Se busca bajista interesado por el folk de Peter, Paul & Mary y el hardcore punk de Hüsker Dü”. Así rezaba el anuncio que Black Francis publicó en un periódico en su búsqueda de nuevos componentes para su futura banda, Pixies. Sólo una respuesta recibiría aquella llamada; la de Kim Deal, quien rápidamente se uniría a Francis y a un antiguo compañero de éste en la universidad de Massachusetts, Joey Santiago. Poco después, Dave Lovering completaría la formación. Seguidores en sus inicios del surf rock, el punk y los discos de Bowie, la historia les recuerda como uno de los nombres precursores del rock alternativo.

No debemos dejarnos llevar por su escaso éxito comercial para valorar su legado. Su influencia resultó decisiva en la aparición de la escena grunge de Seattle de principios de los noventa (Kurt Cobain no dudó en señalarlos como inspiración decisiva), al poner de moda la fórmula híbrida entre estrofas de suaves melodías de accesible digestión (gracias al dulce sello de Deal) y estribillos atronadores de guitarras distorsionadas. Las letras de Pixies, interpretadas por la desesperada voz de Francis, y sus vaivenes vocales, desplegaban un repertorio inestable, oscuro, surrealista, corrosivo y punzante, desde el incesto hasta la violencia bíblica.

Smell like teen spirit (Nirvana, 1991)

Nirvana

Nirvana, mártires del Grounge.

Los ochenta se apagan en la ciudad de Seattle, en el estado americano de Washington, justo al norte de las luces y el atractivo de San Francisco y Los Ángeles. Una nueva generación muestra signos de desencantado hacia un sistema económico y social cada vez más entregado al consumismo y a la competitividad desmedida. Por el contrario, agregan a su forma de vida el no future y la despreocupación por el aspecto del punk,  además del pacifismo y el rechazo al materialismo hippie. Unos principios que les emparentaron con la generación X. Con el tiempo, la rabia de aquellos jóvenes derivaría en el movimiento grunge, una tendencia contracultural estrechamente ligada al género musical homónimo. La escena de Seattle, como también se conoce al grunge, se integró casi al completo por grupos locales apoyados en el sello independiente Sub Pop, e inspirados por el rock alternativo, el hard rock y el hardcore punk. Alcanzaría su cénit en los primeros cinco años de la siguiente década, gracias al éxito comercial de Nirvana, Pearl Jam, Alice in Chains y Soundgarden.

El éxito del grunge fue determinante para la supervivencia del rock alternativo. Su triunfo cambió un panorama dominado hasta entonces por otras corrientes ochenteras, como el glam metal y las radiofórmulas pop. Su sonido se hizo reconocible gracias al protagonismo, durante los estribillos, de guitarras enérgicas muy distorsionadas que contrastan de forma episódica con unas melodías pegadizas, repetitivas y más complejas que el punk. Las baterías, por su parte, debían al heavy metal su predomino y pesadez. El desencanto y la apatía, la alineación y la libertad monopolizaron sus letras, no del todo alejadas del sarcasmo y la crítica a las bandas de hair metal de los ochenta. Contundentes y vigorosas puestas en escenas sin más artificios y riquezas que la energía catártica de sus músicos. Nada que ver con el lujo de otros grupos de éxito y fama de la época, de los que también se desmarcaban por su atuendo sobrio y descuidado: camisas escocesas o franelas, pantalones vaqueros rotos y desgastados, zapatillas Converse o botas Dr. Martens y cabelleras largas y enmarañadas.

Kurt Cobain, Krist Novoselic y Dave Grohl, tres muchachos de Aberdeen (ciudad del mismo estado de Seattle), componen el trío de nombres más conocidos como Nirvana. Grohl (futuro líder de Foo Fighters), sexto y definitivo batería de la banda, se uniría con el tiempo al proyecto iniciado desde el colegio por los dos primeros. La banda, con su atormentando líder al frente, tomó con fuerza la bandera grunge hasta convertirse en iconos, no sólo del movimiento, sino de la música rock en general. Semejante estatus de superestrella fue la causa del conflicto interno de Cobain, azuzado por su natural tendencia a conductas depresivas. Convertido en la voz de una generación, la presión de la fama y el consumo abusivo de heroína terminaron por quebrar su frágil existencia a los veintisiete años, completando desde entonces el macabro Club de los 27.

Wonderwall (Oasis, 1995)

Oasis

Oasis, la arrogancia del Britpop.

El destino del grunge era inevitable. La desgraciada muerte de Kurt Cobain en 1994 aceleró su declive como género referente, pero su éxito popular había abonado el camino para la supervivencia del rock alternativo. Una nueva versión mucho más alegre (Noel Gallagher llegaría a calificar el grunge de “basura victimista”) recogería el testigo en el viejo continente. El arrogante britpop, claro. Concebido más como un movimiento cultural (integrado de uno todavía mayor, llamado cool britania) que como un sonido personal e intransferible, se rebeló antes las escenas pop más comerciales con raíces ochenteras. No tardaron en manifestar sus intenciones lúdicas y festivas contagiadas por los grupos de la escena madchester (la movida de Manchester de la década anterior) y sus canciones pegadizas, como Stone Roses o Happy Mondays, frente a las atmósferas espaciales y las letras taciturnas y sombrías, entre susurros, del shoegazing.

Nombres como Oasis, Blur, Suede, Radiohead, Elastica, The Verve, Placebo o Pulp, rindieron reverencial homenaje a los grupos de la invasión británico de los sesenta y setenta (The Beatles, The Kinks, Rolling Stones, The Who). La energía y la actitud del punk (The Jam o Buzzcocks) ejercieron de estímulo para una versión más light y optimista. A pesar de su éxito, dentro y fuera de las islas británicas, el movimiento se derrumbó antes de llegar a su primer lustro de vida. Muchas de las bandas desaparecieron; otras cambiaron de estilo para continuar su carrera por otros caminos. A pesar de su fugaz trayectoria, en su legado todo el mundo reconoce la decisiva tarea de trasladar los sonidos alternativos hacia públicos masivos.

La historia del britpop no podría entenderse sin Oasis, la banda liderada por los macarras hermanos Gallagher,  máxima representante de la clase obrera de Manchester. Los conflictivos y desafiantes Liam y Noel, Noel y Liam, líderes y compositores principales de la banda, elevaron los sonidos y la actitud del rock alternativo a la cima de la música popular. En los 90 fueron constantes las afrentas verbales entre los Gallagher y otros referentes del pop británico, como Blur o Robbie Williams. Incluso entre ellos mismos, lo que propiciaría la separación definitiva de la banda (terminando la primera década del nuevo siglo) por culpa de sus incompatibles personalidades. Tras la ruptura,  ambos reescribieron su historia con dos nuevas bandas rock: Liam con Beady eye y Noel con Noel Gallagher’s High Flying Birds.

Paranoid Android (Radiohead, 1997)

Radiohead

Radiohead, nuevos sonidos experimentales.

La de Radiohead es la cronología de una evolución sonora trepidante, desde el bullicioso britpop hacia vías mucho más experimentales. Una polivalencia que les transformó de referentes del pop británico a vanguardistas del rock electrónico, con los noventa como testigo. Como al resto de bandas coetáneas, la escena post punk y el rock alternativo moldearon su perfil. Joy Division y Magazine en primer lugar, R.E.M., Pixies y Sonic Youth, en segundo, sin olvidar a viejos dinosaurios como Pink Floyd o Queen. Mediados los noventa se produce el cambio decisivo: la banda vira el timón y pone rumbo hacia la experimentación electrónica. Álbumes como OK Computer (1997) o Kid A (2000)  demuestran el interés de sus integrantes por el clicks and cuts, la intelligent dance music, la musica ambiental, el jazz y la música neoclásica. Tras el giro electrónico, una vuelta a las raíces del rock más clásico, pero sin perder nunca de vista una experimentación que les llevó a incluso a coquetear con el hip hop y el R&B.

Cinco muchachos ingleses de clase media Thom Yorke (voz, guitarra y piano), Jonny Greenwood (guitarra y teclado), Ed O’Brien (guitarra) y Colin Greenwood (bajo y sintetizadores) y Phil Selway (batería) son los nombres detrás de Radiohead. Si bien la tarea de escribir los temas ha recaído casi en exclusiva en los hombros de su líder Yorke, la coralidad ha caracterizado el trabajo de composición musical. Unas letras en cuyo repertorio destacan los temas relacionados con la sexualidad, la alineación, la moral, la globalización o el contexto bélico internacional. La temblorosa y angustiada voz del citado Thom Yorke culmina la inquietante atmósfera de una banda destinada a marcar el destino de los grupos del nuevo milenio.

Jesus, Etc. (Wilco, 2002)

Wilco

Wilco, la respuesta alternativa de la tradición yankee

La revolución musical alternativa tras el estadillo punk tuvo su propio eco en las tradiciones musicales de Estados Unidos: la Americana (o country alternativo). Una vuelta de tuerca para las principales arterias de la música popular norteamericana como el country, el folk, el bluegrass, el honky tonk, el hillbilly o el rockabilly, pasadas por el tamiz de la cultura alternativa y las cenizas del punk, en un intento por diferenciarse de las corrientes mayoritarias. El antiguo miembro de The Byrds y The Flying Burrito Brothers, Gram Parsons, es considerado, al mismo tiempo, pionero del género y responsable de enriquecerla con una interesante dosis de misticismo. Uncle Tupelo, decisivos en la formación del sonido americana daría nombre, con su álbum de debut (No Depressión, 1995), a la revista musical referente del movimiento. En las canciones de bandas como Band of Horses, Calexico, Kings of Leon, o My Morning Jacket, entre otros, fiddles, banjos, armónicas, acordeones y mandolinas se mezclan con guitarras eléctricas, baterías potentes y bajos para crear un sonido dinámico y fuerte.

La versatilidad sonora de Wilco etiquetó a los de Chicago como la versión americana de Radiohead. El country alternativo inicial se transformó pronto en una búsqueda de nuevas vías experimentales. Wilco se formó en 1994 sobre las cenizas de Uncle Tupelo. Desde entonces, sólo el vocalista y compositor principal Jeff Tweedy y el bajista John Stirratt permanecen de la formación inicial. La banda reconoce como referentes a los principales nombres del rock de los sesenta y los primeros setenta (John Cale, John Lennon, Neil Young o Brian Wilson), sin olvidar la herencia yankee del punk  (Television o The Minutemen), del jazz (Miles Davis, John Coltrane, Ornette Coleman, Albert Ayler o Derek Bailey) o de otras formaciones de Americana (Jason & the Scorchers). El proceso de escritura de sus temas implica a todos los miembros de la banda si bien Tweedy asume mayor protagonismo, con letras inspiradas en la literatura clásica y autores como William H. Gass, Henry Miller y Harold Bloom.

I bet you look good on the Dancefloor (Arctic Monkeys, 2006)

Arctics Monkeys

Arctics Monkeys, revivalismo post Punk en el nuevo milenio.

En los albores del siglo veinte emergen una escena, repartida entre Londres y Nueva York, que reivindica los sonidos, la estética y la actitud de los grupos de finales de los setenta y principios de los ochenta. El post punk revival centró su atención en  grupos punk, garage rock, indie y new wave como Joy Division, Siouxsie and The Banshees, The Cure, The Smiths, Joy Division, Magazine, Talking Heads o Television. En Gran Bretaña surgen formaciones que añaden rasgos del post hardcore (Franz Ferdinand o Bloc Party), mientras otros rescataban su influencia Britpop (Maxïmo Park, Kaiser Chiefs, The Futureheads o Editors). Otros, como The Libertines, recuperaron la senda del punk de The Clash o The Jam. Por su parte, hasta la gran manzana llegaron los ecos de sus colegas británicos. El garage rock recuperaba viejos laureles con el éxito popular de The Strokes o Yeah Yeah Yeahs, al mismo tiempo que Interpol era comparado con Joy Division. La ciudad que nunca duerme también aspira a su sello personal y vincula el post punk revival con los ritmos bailables de la electrónica (Emery, LCD Soundsystem, Liars o The Faint). La geografía estadounidense se expandiría más allá de Manhattan para enriquecer el movimiento. Así, desde Las Vegas, encontramos a The Killers.

En la era de internet, una nueva banda alcanzaría el éxito mundial gracias a la red social Myspace. La incipiente banda Arctic Monkeys halló vía online una manera alternativa de distribución para sus primeras maquetas, convirtiéndose de inmediato en todo un fenómeno hype. Sin embargo, progresivamente lograron desprenderse de semejante etiqueta gracias a la calidad de los sucesivos trabajos. Los de Sheffield, considerados parte de la escena post punk revival, manifiestan en sus canciones la influencia del punk, el new wave y el britpop. La realidad social de la clase obrera, las peripecias juveniles de una nueva generación inglesa y la cultura popular inspiran la mayoría de sus canciones, caracterizadas en muchas ocasiones por un sarcástico sentido del humor. La banda está integrada por Alex Turner (guitarrista principal y vocalista), Jamie Cook (segunda guitarra), Matt Helders (batería) y Nick O’Malley (bajo).

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4 comentarios
  1. Luis Serrano
    Luis Serrano Dice:

    Lo que queda claro es que el Rock es como Matrix, un ente que se muere y renace cíclicamente. El resumen de este fenómeno que has hecho es admirable, me quito el sombrero una vez más. Cuando he leído el apartado de los Smiths, he recordado lo que una vez leí en una entrevista a los componentes de la banda hablando sobre cómo reclutaron a Morrissey:
    -“..era un verdadero gilipollas, pero con una gran voz, así que era él o nada..”-
    ¿para cuándo un artículo de los Smiths? un saludo cordial

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    • Raúl Navarro Valiente
      Raúl Navarro Valiente Dice:

      Fenomenal analogía “cinefilomusical” 🙂 Gracias por los halagos!

      Morrisey sólo hay uno y Johnny Marr lo sabía. Mereció la pena (supongo) soportar el ego de semejante “bicho raro” a cambio de tan brillante discografía.

      Responder

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