La economía del espacio

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marteA veces se puede pensar que la economía se encuentra limitada a todo aquello que acontece en el seno del planeta Tierra. Desde la noche de los tiempos, la economía estudia la cada vez más compleja relación existente entre los seres humanos con respecto a la optima administración de los recursos escasos que tenemos en nuestro planeta. Las necesidades son ilimitadas pero los recursos son finitos. De ahí que siglo tras siglo se viene debatiendo sobre la racionalidad del homo economicus a la hora de consumir los bienes que cada civilización ha dejado a la siguiente. A estas alturas del siglo XXI, el hombre ya empieza a tomar conciencia de la limitación de los recursos naturales y de la conservación de los bosques, de la fauna y de la flora que disfrutamos bajo la faz de la Tierra. De hecho, hay convocada una importante una macroreunión de representantes de la mayoría de países del mundo, el próximo 15 de diciembre en París, la denominada Cumbre sobre el Cambio Climático, para tratar de acordar de una vez soluciones que permitan frenar el expolio y aniquilación de esos recursos naturales que los humanos occidentales y más industrializados estamos dilapidando y agotando. Este consumo irracional de energía hace que hayamos creado un sistema medioambiental realmente insostenible. De modo que tenemos dos fugas muy complicadas de resolver: la contaminación de gases concentrados en las grandes ciudades y el agotamiento de recursos naturales que colapsarán el desarrollo anárquico que se viene acumulando desde al menos los dos últimos siglos, pero sobre todo durante el siglo XX. Últimamente son los propios científicos más mediáticos quienes están involucrados seriamente en el proceso de concienciación y alerta hacia los gobiernos menos preocupados por la sostenibilidad de sus industrias y empresas: Estados Unidos, China, Europa, etc.

Es el propio físico y científico Stephen Hawking quien nos advierte y propone la necesidad en un tiempo no muy lejano de viajar y asentarnos en otros lugares notarios todavía por descubrir. Nos augura a las generaciones venideras grandes problemas para poder vivir con garantías mínimas de supervivencia en este devastado planeta. Como no podía ser de otra manera, los países más avanzados vienen desarrollando grandes y costosos programas de inversiones en el sector aeroespacial. Existe, por lo tanto, lo que llamamos una economía del espacio. La ciencia no solamente investiga los tradicionales asuntos relacionados con la medicina, las enfermedades complejas que no se acaba de conocer sus orígenes y sus causas, si no que también se trabaja y mucho el mundo de la investigación planetaria. En torno a este sector económico se destinan grandes cantidades de recursos públicos y privados para avanzar en el estudio del espacio, de las orbitas siderales, en la formación y preparación de futuros astronautas, en la investigación de materiales para la construcción de naves espaciales y el mantenimiento optimo de las estaciones internacionales que ya están funcionando en el espacio. Otro tema muy interesante es el relacionado con la comunicación vía satélite, ese gran avance que damos por hecho y tan natural, pero no nos imaginamos que es todo fruto de la dedicación a potenciar las inversiones públicas en I+D+i. Es evidente que el sector espacial es intensivo en I+D y las inversiones en el mismo tienen largos plazos de retorno económico, por lo que la financiación de muchas de su actividades depende de las administraciones publicas.Dicho esto, es obvio señalar que se trata de un sector muy relevante en la sociedad post industrial, genera puestos de trabajo, sobre todo, personal altamente cualificado y es absolutamente necesario para el desarrollo de las tecnologías de la comunicación. De momento estaremos al tanto de los avances que se difundan desde la sede de la NASA en Estados Unidos e incluso de la más cercana Agencia Espacial Europea, de la que España forma parte activa colaborando en diversos programas con otros países miembros. De momento, tenemos dos aspectos, recrearnos con la reciente y muy recomendable cinematografía de naturaleza espacial, citamos una”trilogía”para iniciarse y disfrutar de las imágenes propuestas en: Gravity (2013) del mejicano Alfonso Cuarón, Interstellar (2014) dirigida por Christopher Nolan y Marte (The Martian) (2015) del norteamericano Ridley Scott.. Todas ellas, desde mi punto de vista perfectamente producidas, con un elenco de actores, no todos pero algunos de ellos si, en estado de gracia y un despliegue de tecnología espacial muy creíble, muy real. Nos sitúa perfectamente en el incierto mundo del espacio, donde también observamos la violencia de los impactos de la basura espacial y de los vientos solares, tanto en las naves espaciales como en las estaciones instaladas ya en alguna de las orbitas siderales. El otro aspecto que voy a mencionar es el de seguir con atención y escepticismo, esa guía de “servicios turísticos” o “turismo espacial” que se está organizando para iniciar muy pronto uno de esos viajes galácticos que ya he comentado. Tal y como se están poniendo las cosas por aquí, habrá que ir estudiando con interés la seguridad de los “ autobuses o taxis espaciales”. Creo con convicción que las reflexiones expuestas en esta plataforma sobre la Economía del Espacio, suscitará con el paso del tiempo un mayor interés por todos nosotros, los terrícolas, hartos de comer y beber productos y líquidos con un elevado riesgo de contaminación, por los enigmas del lado oscuro de la luna.

Completo este texto con uno de las bandas míticas de los setenta, Pink Floyd, liderado por Roger Waters y David Gilmour, una obra dedicada a uno de los fundadores de la banda, Syd Barrett, que padeció una grave enfermedad mental. Impidiéndole continuar grabando y componer como hacía usualmente. Presentamos el album completo “ The Dark Side of the Moon”( 1973). Es una obra maestra y sigue vigente en todos sus aspectos, tanto musicales como en su profunda esencia conceptual.

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