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Everybody’s talkin’ en tres actos

1/ Fred Neil, figura determinante en la transición del folk acústico al eléctrico, nunca prestó la menor atención a las formalidades de los más puristas. Continuando el transgresor y novedoso camino dylaniano (los tiempos estaban cambiando) el compositor se colgó la guitarra eléctrica al hombro y contribuyó a la transformación de la música tradicional al norte del río Grande. En 1966, tras una corta trayectoria en el estudio, publica para Capitol su segundo disco (el homónimo Fred Neil), que incluiría la icónica Everybody’s talkin’. La canción, concebida inicialmente con un tempo pausado, destacaba por su naturaleza melancólica y la grave voz de Neil. Todo un canto a la incomprensión y la diferencia en un mundo ciertamente deshumanizado, en el corazón de una deprimida América post Vietnam. Su carrera posterior no llegó mucho más lejos y termino perdiéndose en el olvido, pero su verdadero legado residió, además de ayudar a definir una nueva manera de entender la música popular estadounidense, en las composiciones destinadas para el lucimiento de otros artistas folk en los setenta como Peter, Paul & Mary, Jefferson Airplane o Crosby, Still, Nash & Young.

2/ Harry Nilsson engrosa la lista de cantantes norteamericanos injustamente arrinconados por la memoria colectiva del pop. O al menos no reconocido como debiera por su prolífica carrera como compositor y sus extraordinarias cualidades vocales, sino por interpretar un par de canciones que no llevaron su sello: Everybody’s talkin’ (de Fred Neil) y Without you (de Badfinger). Por un motivo o por otro, Nilsson nunca fue capaz de desarrollar su verdadero potencial. Su nombre nunca fue capaz de trascender de verdad en la historia. De poco le sirvió grabar magníficos discos de estudio como Nilsson Schmilsson; ni siquiera estar apadrinado por el mismísimo John Lennon (tanto Lennon como McCartney le consideraban como el mejor cantante norteamericano de la época). Como decíamos, su destino quedó ligado para siempre al de una canción que nunca compuso y al de una película que nunca protagonizó. Una pieza que lo encumbró a la gloria pero que lo encasilló para siempre al recuerdo de una banda sonora. Comparada con la versión de Fred Neil, la nueva producción mostró evidentes mejoras en el cuidado del sonido y un ritmo más acelerado.  Nilsson, por supuesto, pediría permiso a su autor para hacerla suya. Fred Neil no tardaría en reclamar la atención de su autoría tras el fulminante éxito de su creación, reeditando el álbum que la vio nacer con nuevo nombre incluido: Everybody’s talkin’. No podía ser otro, por supuesto.

3/ Cowboy de medianoche le sigue la pista a un ingenuo paleto tejano (interpretado por John Voight, el padre de Angelina Jolie) que viaja hasta Nueva York para convertirse en cowboy de exhibición en busca de gloria y dinero. Pronto se dará de bruces con la realidad, obligado a ejercer como gigolo seduciendo a mujeres maduras en Times Square para poder subsistir. Por el camino conocerá a un tuberculoso timador de poca monta (papel magníficamente desarrollado por el gran Dustin Hoffman) que sobrevive de mala manera en la gran ciudad. Una desesperada historia sobre perdedores que apunta directamente al corazón del sueño americano, desenmascarando sus falsas promesas. Un duro retrato sobre el aislamiento urbano y la marginalidad de los menos afortunados. Más allá de sus virtudes cinematográficas (innegables como demuestran sus tres Oscar), la cinta pasó a la historia por su inolvidable banda sonora, cuya canción principal, como no, fue Everybody’s talkin’. La versión de Harry Nilsson, puntualicemos. Pocas veces en la historia una canción y una película se complementaron de forma tan perfecta, ejerciendo la voz de Nilsson como el contrapunto perfecto ante tanta crudeza. Una calidez que aplaca (en parte) la desesperanza y ofrece una escapada dulce y emocionante frente a la desesperanza.

PD: Rico Ratso Rizzo, el lastimoso ratero de Cowboy de medianoche, soñaba con escapar de su desdichado destino y alcanzar una vida mejor en la soleada Florida. El caprichoso destino quiso que Fred Neil, el autor de la canción que aquí homenajeamos, terminara sus días en las playas de dicho estado.

   Everybody’s talkin’ at me.

I can’t hear a word they’re sayin’,

Only the echoes of my mind.

People stoppin’ starin’

I can’t see their faces,

Only the shadows of their eyes.

I’m goin’ where the sun keeps shinin’

Thru the pourin’ rain,

Goin’ where the weather suits my clothes.

Backin’ off the northeast wind and,

Sailin’ on a summer breeze,

Trippin’ over the ocean like a stone.

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