El tío Oscar, el pizzero y la economía

Harrison Ford, Ellen Degeneres y un repartidor de pizza.
Harrison Ford, Ellen Degeneres y un repartidor de pizza.

Harrison Ford, Ellen Degeneres y un repartidor de pizza.

Todavía están calientes las estatuillas de los Oscars entregados el pasado 2 de marzo. Viendo una vez más la ceremonia, es evidente que supone todo un capítulo de ingresos para la ciudad y sus establecimientos más emblemáticos así como para los restaurantes y pizzerías, que se lo cuenten al pizzero de los oscars, el armenio Edgard Martyrosyan, socio de una de las pizzerías cercanas al teatro Dolly, la cadena Big Mama´s and Papa´s. Así lo pudimos comprobar durante el desarrollo del mayor espectáculo cinematográfico americano e incluso del mundo mundial. Y no podemos dejar en el tintero todos los ingresos generados en concepto de uso y disfrute de la moda, tanto en ropa como en complementos, calzado, joyas , atrezzo, etc.

En esta ocasión han sido nominadas varias cintas reconocidas por la mayoría de críticos europeos y norteamericanos, este es el caso de las dos que han obtenido mayor número de premios, en concreto Gravity del director mexicano Alfonso Cuarón y 12 años de esclavitud dirigida por el sinpar Steve McQueen. Ambas he tenido la oportunidad de verlas sin la presión de los medios, Gravity la disfruté hace ya algunos meses, al poco tiempo de su estreno y la dirigida por McQueen hace un par de meses. En cualquier caso lo que quiero comentar es el hilo conductor que une a estas dos extraordinarias películas. Desde mi punto de vista podríamos interpretar que estas dos cintas podrían representar una visión muy resumida pero, a su vez una muy plástica historia de la evolución de los Estados Unidos a lo largo de los últimos dos siglos. Por un lado 12 años de esclavitud refleja una parte de la historia más repulsiva y cruenta de la sociedad norteamericana, la esclavitud y la persecución de los derechos civiles de la población de color. En la película queda perfectamente bien relatado y explicado cómo funcionaba el régimen económico de los blancos, la propiedad de la tierra y de todos los recursos pasaba por las manos de los grandes terratenientes del Sur (Louisiana, Nueva Orleans, etc), responsable de la explotación de esas tierras y de los cultivos de algodón. Asistiendo impávido a esta película entendemos todavía mejor el aullido de los negros en las plantaciones y el nacimiento de los primeros compases del blues, no olvidemos a uno de sus máximos representantes, el enorme Howlin´Wolf y sus desgarradores aullidos.

Estos fueron los primeros cimientos de la economía americana, luego vendría el ferrocarril y con él nacería el comercio intraamericano que cruzaría los Estados Unidos de costa a costa y de norte a sur. Como referencia documental recomendaría la lectura de los trabajos que nos dejó uno de los economistas más brillantes especializado en el estudio de la historia económica de su país, el laureado premio Nobel Douglas North. Más allá de este inolvidable periodo de la historia americana nos adentramos con el paso del tiempo hasta el siglo XX y lo que llevamos de éste. Gravity muestra muy a las claras cómo ha evolucionado una sociedad y un país en tan poco tiempo. Esta cinta, independientemente de los planteamientos personales del guionista acerca de la soledad vivida en el espacio y los riegos vitales que ello lleva implícito, nos muestra el paso a una sociedad en la que predomina la tecnología más sofisticada, la investigación espacial, la relación entre el hombre/mujer y las máquinas del tiempo. Otra fuente de ingresos extraordinarios para la economía yanqui. Aquí tendríamos que hablar de transferencia de tecnología internacional, de importantes patentes que ha generado la industria aeroespacial de la NASA, la investigación que ha supuesto para otras industrias los hallazgos de los técnicos y astronautas que han estado viajando al espacio sideral.

Por todo esto y mucho más me ha gustado que estas dos magníficas películas hayan sido premiadas con las estatuillas del Tío Oscar. Parece que los EEUU se resisten a darse por vencidos a continuar siendo protagonistas y líderes en el contexto del planeta Tierra.

De otro lado podríamos hacer otra observación que para mí tiene también un sentido tanto estético como ético respecto de los responsables de la imagen y la moralidad americana hacia el resto del mundo. Evidentemente el cine es un espejo que refleja la realidad y la sociología de un país. En el caso de la película dirigida por Martín Scorsese, El lobo de Wall Street y la también nominada La gran estafa Americana de David O. Russell. Ambas se han ido de vacío y creo que todo tiene un por qué. Los guiones que sustentan estas películas y también la del maestro Woody Allen, Blue Jazmine, en todos ellos se relatan los desaguisados producidos en la economía financiera americana y por extensión a todo el tejido económico y social, la  globalización conlleva esto de manera implícita, hablamos  del derrumbe de empresas legendarias como Lehmann Brothers, Bears Stern, y un largo etcétera de sucesos y fallidos económicos que han venido produciéndose en los últimos años, lo de El Lobo de Scorsese ya viene de más atrás en el tiempo, pero tenemos más recientemente la catástrofe piramidal dirigida por Madoff. Estos fraudes financieros y monetarios perjudican la imagen del capitalismo americano que cíclicamente provoca este tipo de exuberancias irracionales como las definía el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan. De modo que este comportamiento disfuncional de la economía americana no les gusta en absoluto a los americanos más puritanos mostrarlo urbi et orbi, y menos ahora que parece producirse un repunte en las cifras de crecimiento económico y después de la sucesión en el cargo de la Reserva Federal de Janet Ellen, sucesora de Ben Bernanke. Lo que creo que ha hecho Hollywood con las estafas y los delitos financieros y de las hipotecas basura es guardarlo todo debajo de la alfombra y no airearlo tanto con el cine, más bien pensando que esto son cosas que solo pasan en el Este.

Para amenizar este sermón filoamericano nada mejor que recurrir a una banda muy americana, recuerdo que fue  una de los grupos  de rock que más sobresalieron en los setenta, enarbolando el rock genuino americano como bandera: We are an american band. Y su nombre, Grand Funk Railroad.

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