E la nave va

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Como ciudadanos observamos que la economía al igual que la política no cesa en su capacidad de generar noticias y espectaculares titulares que acaparan toda nuestra atención y, con frecuencia, también cierta preocupación. El fugaz paso del tiempo hace que nuestras inquietudes oscilen a modo de horquilla psicológicas De repente una mañana los teletipos nos sorprenden con una noticia de gran impacto económico y social,-pondremos como ejemplo el reciente fraude Volkswagen– , durante los dos o tres días siguientes nos vuelven a regalar alguna noticia que refleje una leve mejoría en el crecimiento del paro en España o la confirmación de un aumento rotundo en la visita de turistas a nuestro país durante los meses de campaña turística , siendo el país que más crece de Europa en visitas turísticas. Y toda esta batería de noticias está muy bien, pero el consumidor de a pie observa impávido que su entorno económico no responde a tanto bombardeo mediático, informando de la buena noticia que supone airear por el gobierno de turno que estamos saliendo del túnel, que la recuperación está a la vuelta de la esquina, y cosas así. Esto lo que consigue es alimentar un clima social de desconfianza y desilusión en la gestión de los asuntos económicos por nuestros gobernantes locales, autonómicos y nacionales e incluso europeos.

La gente de la calle se pregunta: ¿estamos siendo gobernados por los mejores? ¿Saben realmente lo que se llevan entre manos? Pasan las legislaturas y no vemos avances claros en el bienestar social, ahora resulta que los Presupuestos Generales del Estado (PGE) presentados recientemente en Bruselas, no son en absoluto coherentes con la realidad macroeconómica de los números en España. Todo ha sido un acelerado trámite, aprovechando la mayoría absoluta en el Congreso, para tener el Gobierno argumentos económicos razonables para abordar la próxima campaña electoral. Evidentemente ahora no podemos manipular ningún dato macro, estamos siendo supervisados de manera permanente, por la Comisión Europea y el FMI, los ojos del Big Brother orwelliano. Con este asunto del presupuesto parece que se nos ha visto el plumero, con seguridad el nuevo gobierno que salga de las elecciones del 20-D, sea del color que sea, se verá obligado a reajustar ampliamente. En ese momento, sufriremos un apretón de nuestro cada vez más frágil bienestar social; hablando claro, más ajustes y más consolidación fiscal. Nos han dejado respirar un poco durante este año 2014, pero el fuelle electoralista termina por liquidarse.

Esta es la forma de gobernar que se ha practicado en los últimos veinte años. Pan para hoy y hambre para mañana. No se han realizado reformas económicas de gran calado industrial. No se ha planteado nunca una reforma fiscal que corrigiera toda la desigualdad económica y social que se venía generando desde antes del crisis de 2007-2008. De modo que ahora somos un país que socialmente ha retrocedido cuarenta años. Y será muy complejo y difícil abordar los años venideros. Tarde o temprano algún gobierno con mayor energía y lucidez tendrá que actuar a modo de cirujano y meter a la economía española en el quirófano. No para construir un monstruo, un Dr. Jekyll y Mr. Hyde, no, nada de eso. Hablo de diseccionar el tejido economizo e industrial y acometer las grandes reformas que necesita este país del sur, reformas estructurales pero necesarias para ser competitivos y volver a crea empleo, y ocupar a los que han tenido que emigrar forzosamente. Así como entrar en el sector eléctrico y negociar de una vez, un acuerdo para tener un abanico de energías razonables y renovables para todos los ciudadanos. Claro que para este viaje, hay que cuestionar el modelo oligopolista en el que se mueven libremente estas empresas. Maximizando beneficios como única lógica de actuación en el mercado. A veces hay que preguntarse, como lo hacen Daren Acemoglu (profesor en el MIT) y James A. Robinson (Harvard) “por qué fracasan los países”. Ellos han estudiado muy bien los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. A veces los dirigentes políticos no han estado a la altura de las circunstancias económicas. No siempre se ha escuchado con atención a los economistas, sus informes han sido guardados y archivados en un cajón arrojando las llaves al pozo profundo del cuento de Alicia en el País de las Maravillas. No eran políticamente correctos. Y esto ha ocurrido no solo en España. Empezando por los mismos EEUU, y ahí tenemos las memorias publicadas por el que fue Presidente de la Reserva Federal durante los años de la gran crisis financiera, Ben Bernanke. Por eso es tan sumamente trascendental que los pueblos, no caigan en la torpe miopía de no apreciar mejor la capacidad de los líderes que nos pretenden gobernar cada cuatro años. Deberíamos ser más exigentes y pulcros con los sujetos que se integran en la vida política de alta responsabilidad. Es urgente que los pueblos cambien su actitud y se esté más alerta en el seguimiento de sus conductas y de sus decisiones. De qué sirve tener tal despliegue de políticos, dos Cámaras legislativas si al final todo ese gasto no implica una legislación coherente con la realidad de todos los ciudadanos de un país. Es el riesgo que padece la democracia en el mundo occidental, los partidos no están siendo verdaderamente serios y juiciosos con sus ciudadanos y estamos poniendo en peligro muchas cosas que uno cree que son para siempre, que son intocables. Al final como nos alertó magistralmente el inolvidable genio italiano Federico Fellini, “Y la nave va “. Lo que esperamos es una restauración y regeneración democrática que nos evite un final trágico como el descrito en esta felliniana película de 1983, que tras crear una sociedad vacía de humanidad y excesivamente artificial, el barco se hunde irremisiblemente.

Aunque sea de manera telegráfica, recordar que el recientemente galardonado como Premio Nobel de Economía, el escocés de nacimiento y norteamericano de adopción, Angus Deaton, profesor en Princeton, USA, es un gran estudioso e investigador en el campo de las rentas familiares y del consumo en un modelo capitalista. Ha obtenido resultados muy útiles para el entendimiento del comportamiento económico de las personas y las familias. Analiza la desigualdad económica desde otra vertiente diferente a la que nos viene proponiendo el francés Thomas Piketty.

En esta ocasión contemplamos una de las escenas más destacable de esta satírica película y que refleja con precisión la sociedad que vivimos tan artificial y maniquea.

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