Dublín, la esencia de Irlanda

O´Connell Street.

O´Connell Street.

A principios del siglo IX los vikingos llegaron a la orilla sur del río Liffey y fundaron una zona comercial que llamaron Dubh Linn. Mientras, los celtas estaban asentados en la orilla norte del río. Se considera esta fecha aproximada, el nacimiento y fundación de Dublín.

La ciudad sufrió numerosas guerras y conflictos, católicos contra protestantes, probritánicos e independentistas. Después de la Segunda Guerra Mundial, se proclamó la República y empezaron a definir su propia identidad. Hoy en día, esta moderna capital europea y rica en historia, atrae a un gran número de visitantes que buscan en ella una mezcla del espíritu tradicional irlandés y un ambiente para salir, divertirse y disfrutar de una buena cerveza mientras escuchas algo de música en directo. Y además de todo esto, los amantes de la naturaleza podrán visitar los alrededores y relajarse con paisajes de película, pero nos vamos a centrar en la capital y hablar de los lugares obligatorios que debemos visitar para descubrir la esencia de esta ciudad irlandesa. Aquí se inspiraron grandes escritores como Oscar Wilde o Bram Stoker, que reflejaron en sus obras sus particulares visiones del lugar donde vivían.

Puente O´Connell.

Puente O´Connell.

O´Connell Street es la avenida principal de la ciudad. Comienza sobre el río Liffey a la altura del puente O´Connell. Es una agradable zona para pasear, llena de monumentos a personajes históricos irlandeses, con aceras muy anchas y siempre llena de gente de un lado a otro. Destacamos el monumento The Spire, una gran aguja de 120 metros de altura que acaba fundiéndose con el azul del cielo. También es uno de los lugares comerciales de la ciudad, desde aquí accedemos a Henry Street o Parnell Street, dos calles llenas de tiendas. Después de recorrer la avenida, llegamos al río Liffey y dar un agradable paseo por sus puentes y orillas (recomendado al atardecer para vivir un momento inolvidable). Después pasamos al otro lado del río y nos dirigimos a Grafton Street, situada en el corazón de Dublín, es otra de las calles más importantes y transitadas de la ciudad, donde encontraremos muchas tiendas de todo tipo y un ambiente de gente, música y artistas callejeros que inundan cada rincón con su arte. Aquí  está la estatua de bronce dedicada a la mítica vendedora ambulante Molly Malone, que de día vendía pescado en su carro y de noche ejercía la prostitución. En 1880, James Yorkston compuso la canción Molly Malone, también conocida como Cockles and Mussels (berberechos y mejillones) en honor a la vendedora, convirtiéndose a día de hoy en un himno para todos los irlandeses.

Paseo a orillas del río Liffey.

Paseo a orillas del río Liffey.

Cuando la tarde se acaba y comienza la noche, no hay mejor lugar que Temple Bar. Es el barrio más famoso, carismático y antiguo de la ciudad. Andar por sus callejuelas adoquinadas nos inunda de toda la esencia del viejo Dublín, además de ser el centro cultural y de ocio para visitantes y locales. Allí descubrimos galerías de arte, centros culturales, tiendas alternativas y sobre todo pubs y restaurantes. No nos iremos de la ciudad sin antes entrar en alguno de los bares de Temple Bar y disfrutar de una combinación inmejorable, música en directo y una buena pinta de Guinness.

Temple Bar.

Temple Bar.

A unos 25 minutos andando desde Temple Bar tenemos la Guinness Storehouse. Fábrica-museo de la conocida marca de cerveza Guinness y que se ha convertido en una de las mayores atracciones turísticas de Irlanda. Recomiendo a todo el mundo la visita, da igual que nos guste o no la cerveza, nunca había visto un museo tan dinámico, visual e interesante, ya que Guinness no es solo una marca de cerveza, es todo un símbolo irlandés. El recorrido nos enseña todos los secretos de sus ingredientes para conseguir ese sabor tan especial, la maquinaria que se empleaba para su elaboración, los métodos de transporte que utilizaban a través del río, las míticas campañas publicitarias de la marca, sus más de doscientos cincuenta años de historia. Además, nos brindan la posibilidad de tirar nuestra propia pinta entregándonos un diploma acreditativo. Y para terminar la visita, subimos a la azotea del edificio, al Gravity Bar dónde admiraremos una vista panorámica de todo Dublín mientras nos tomamos una pinta bien merecida. Y como curiosidad, saber que el arpa, actual símbolo de Irlanda pertenece a Guinness, por eso el gobierno cuando quiso utilizarlo tuvo que invertirlo. También saber que el famoso Libro Guinness de los Records tiene relación con la compañía, sus inicios fueron una discusión sobre que pájaro volaba más rápido.

Pintas en la azotea de Guinness Storehouse (Gravity Bar).

Pintas en la azotea de Guinness Storehouse (Gravity Bar).

Si tenemos tiempo visitaremos Trinity College, perteneciente a la Universidad de Irlanda, la más importante y antigua de todo el país. Daremos una vuelta por Phoenix Park, el parque urbano más grande de Europa, lleno de edificios, monumentos, un castillo y un zoo. Para los amantes del Whisky The Old Jameson Distillery ofrece una buena oportunidad de ver el museo, conocer el proceso de elaboración y hacer una cata degustación. Ver alguna de las dos catedrales de la ciudad, Christ Church Cathedral o St Patrick’s Cathedral . Y sobre todo callejear, entrar en sus bares, allí está la esencia de Dublín, de la alegría de su gente, de las tradiciones. Un buen Irish Stew, una pinta de Guinness y música en directo, ¿qué más se puede pedir?

St Patrick’s Cathedral.

St Patrick’s Cathedral.

Fotografía: Antonio Muñoz Hernández.

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