Draghi y la insolidaridad de las finanzas

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Se acerca la primavera y pronto nos iremos despojando de alguna de las múltiples prendas que nos ponemos todos los días durante el duro invierno, aunque  el nuestro no ha sido demasiado frío ni demasiado lluvioso. En cualquier caso nuestro cuerpo y la mente se van adaptando sigilosamente a esta nueva época del año donde siempre predomina la luz y las temperaturas más calidas. Esa luz que nos ha deleitado siempre que hemos contemplado la pintura de Joaquín Sorolla, como ya habréis visto en el post anterior. El sábado pasado tuve la gran oportunidad de visitar una exquisita exposición de pinturas y dibujos del maestro Sorolla, la podéis visitar en el Museo del Carmen en Valencia. Unos días antes se había producido la llamada de Draghi  a los mercados financieros: el druida Draghi sacó de su mágica chistera una panoplia de medidas de corte monetarista con el fin de calmar a los impacientes políticos y banqueros, por el retraso en la salida de la deflación,y conseguir en un plazo razonable un poco de inflación que nos ilumine y nos anime a consumir más así como las empresas se decanten por pedir prestado a su banco para ampliar su negocio o crear alguna micro empresa .

El problema está en que tenemos tan dentro de nosotros la crisis que no hay helicóptero que nos impulse a salir al mercado y autoconvercernos que la recesión ha terminado. Hay todavía miedos muy dentro de los cuerpos y de las mentes de los españoles. Es probable que al llegar la primavera traiga consigo un nuevo gobierno nacional que nos provoque un subidón. Este cambio es el que necesita nuestro país. Costará un tiempo conseguir que mediante un proceso generalizado de catarsis colectiva, expulsemos  de nuestro interior todos aquellos miedos e incertidumbres que se han ido posando sobre el interior de nuestra alma, algo  ciertamente muy profundo y muy pegado a los sentimientos más hondos y más pétreos de las personas.

Naturalmente que todos deseamos ver la luz y el sol, o aquello que dijo el director Jose Luís Cuerda: “Amanece que no es poco”. Ante esta evidencia volvemos a deprimirnos porque los medios de comunicación nos asestan otro golpe que nos mina la moral si cabe un poco más: Estamos ante una nueva recesión económica, se especula desde determinados foros económicos sobre la posibilidad de  un nuevo pinchazo de alguna burbuja, esta vez desde la trinchera financiera. Es posible que el origen de la misma proceda de la acusada inestabilidad en el mercado chino y sus secuelas arrastrándonos irremisiblemente hacia la recesión otra vez. También se argumenta con el asunto de las medidas de política monetaria que viene aplicando el BCE con su capitán Mario Draghi al frente. Hasta hace unas semanas el Banco europeo ha estado inyectando más de 60.000 millones de euros todos los meses, comprando deuda y activos a los bancos, esto  hace un balance de 720.000 millones de € desde que se implantó esta medida de expansión monetaria (Quantitative Easing). Ahora y con el nuevo paquete de medidas nos dice que el BCE continuará con la manguera monetaria. En esta ocasión la cantidad mensual será de 80.000 millones de € y además vuelven a bajar los tipos de interés hipotecarios y los básicos para créditos a empresas y prestamos para la financiación de bienes de consumo, situandose en el 0%. Lo que decía al principio, de nuevo llegan el batallón de helicópteros inundando de dinero el mercado financiero. Y aún así como digo no salimos de la trampa de la liquidez keynesiana. En España estamos un poco hartos de tanto experimento monetario que solamente se benefician los bancos. Otro gallo nos cantaría si toda esa masa monetaria aplicara a la creación de empleo y mayores inversiones empresariales. Esto confirma una vez más que vivimos en una economía absolutamente capitalista, dominada  por los monopolios industriales, mercados oligopolistas y grandes grupos empresariales. Sin embargo no quieren entender o no les interesa saber, que el mayor tejido empresarial en Europa está constituido por pequeñas y medianas empresas, las que de verdad crean empleo estable  Estas no figuran ni cotizan en Financial Times o en el Wall Street Journal. Estos empresarios siguen calzándose sus botas de seguridad y el mono de trabajo. Estas son las empresas a las que hay que ayudar de verdad. Mientras tanto la vida sigue, con un empleo cada vez más precario, salarios de subsistencia, contratos que no son contratos para un país que forma parte de la eurozona y de la Unión Europea y en el que sus dirigentes y prebostes se sienten en las reuniones del G-20. Esto es lo que ha conseguido la globalización, se  han cargado todos los valores de las personas y ha convertido a Occidente en una lucha por la supervivencia. Una reflexión final a modo de conclusión sería : En los últimos meses ha quedado muy patente lo poco que les importan las vidas de las familias observando, si todavía tenemos sensibilidad, las imágenes de los refugiados y sus familias, en un entorno inhumano y hostil en pleno siglo XX y en el corazón de Europa. La depravación del político y del gobernante es manifiesta en este tipo de situaciones, existen  otras formas de resolver un problema de estas características, no se altera nadie cuando vemos  que hay  disponibles miles de millones de euros para salvar bancos, comprar activos malos, deuda y otros instrumentos que han enriquecido a los grandes capitalistas y banqueros.Pero no hay euros para atender con dignidad y humanidad a las familias que huyen de la miseria, del  hambre y de las guerras que han provocado para verificar el buen funcionamiento de las armas que les han vendido con excelentes márgenes de beneficio. Europa vuelve a los tiempos más oscuros y depravados de su historia más reciente. Se pagará cara esta manifiesta insolidaridad, estoy convencido. Nadie se acuerda de los europeos y en concreto, miles  de españoles, que  tuvieron que salir con lo puesto. Si olvidamos la historia de las gentes con tanta facilidad no tenemos futuro.

Para ayudar en la lectura de estas pesimistas reflexiones he pensado que nos puede aliviar las penas la escucha de esta gran obra del maestro Beethoven y el recientemente fallecido director austriaco Nikolaus Harnoncourt.