De Tlatelolco a Ayotzinapa

A casi medio siglo...
A casi medio siglo...

A casi medio siglo…

Hace unos días vi “El grito”, documental que recopiló una importante cantidad de imágenes que en foto y video fueron captadas durante los meses que transcurrieron de julio a octubre de 1968 y que marcaran la historia de la “democracia mexicana”. La cinta me permitió escuchar de viva voz, y como si hubiese sido ayer, las ideas, mensajes, demandas, denuncias y exigencias del movimiento estudiantil. Aquellas voces vigorizantes, enérgicas y valientes de los estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto Politécnico Nacional, que se hicieron escuchar con grandes y pequeñas audiencias, no solo a través de la palabra simple y llana, sino también con las canciones de protesta, fueron inevitablemente acompañadas de los gritos de desconcierto, terror y pánico que se hicieron escuchar durante la masacre estudiantil que a manos de miembros del ejército mexicano tuviera lugar aquel inolvidable 2 de octubre. Supongo que el nombre “El grito” le vino al dedo.

No es mi intención hacer la reseña de un documental que, para mi gusto, ha sido superado en producción y contenido informativo por muchos otros materiales fácilmente conseguibles en el mercado. Lo que pretendo es resaltar que no existe diferencia entre lo acontecido hace 47 años en Tlatelolco, con lo ocurrido hace un año en Iguala, Guerrero. Si cierro los ojos, podría confundir los gritos de los estudiantes de la UNAM y el IPN con los de los normalistas de la escuela rural Raúl Isidro Burgos, lo mismo el llanto de sus familias. No logro distinguir la sensación de impotencia que me generan ambos eventos, duele tanto uno como el otro. El reclamo de justicia es el mismo hoy que el de hace casi medio siglo.

Dijo Napoleón Bonaparte, “aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Yo creo que se quedó corto. No es solo el desconocimiento lo que nos condena como pueblo a sufrir sistemáticamente las mismas agresiones de nuestros gobernantes; es el miedo, aquel que nos hace preocuparnos más por mantener los elementos mínimos de supervivencia, nuestra rutina, nuestro salario, nuestra seguridad de nada. Ese miedo al que apuestan aquellos que nos gobiernan para desgastar los movimientos sociales.

Sin embargo, la marcha del pasado 26 de septiembre y la que se espera hoy 2 de octubre, comparten las mismas banderas, las mismas pancartas y las mismas exigencias. Pese a todo la llama sigue encendida. La voz de los estudiantes de antes y ahora continúa haciéndose escuchar en busca de un México más justo. Ayotzinapa nos obliga irremediablemente a ubicarnos en la apatía o en la protesta. Decide tú en qué lado de la historia quieres ser visto por tus hijos en el próximo medio siglo.

“2 de octubre no se olvida, Ayotzinapa somos todos”

2octubre01

Ayotzinapa (Foto: Verónica Grajales).

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *