Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez

Cien años de soledad.

Cien años de soledad.

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo.”

Así comienza, en tono profético, la magistral obra del colombiano Gabriel García Márquez. “Cien Años de Soledad” nos narra la historia de la estirpe de los Buendía, aunque dicen por ahí que lo que realmente cuenta es la historia de la ficticia aldea de Macondo. A mi parecer, los protagonistas son los Buendía, y Macondo es simplemente el trasfondo, que varía según el estado de la familia. Tenemos así, por ejemplo, un Macondo radiante y espléndido mientras la familia vive sus mejores momentos, o un Macondo similar a un niño en el que se siente la evolución inminente.

El protagonista es colectivo, propio de la época en la que fue escrito (la década de los 60 del siglo XX), en la que se experimentaba con el lenguaje, descubriendo nuevas posibilidades. El protagonista colectivo puede llevarnos a confusión en plena lectura, ya que muchos de los personajes se llaman exactamente igual (José Arcadio Buendía o Aureliano Buendía), sin embargo el autor nos ofrece pequeñas pistas para identificarlos, tales como su edad o  algún sobrenombre (coronel Aureliano Buendía). Sin embargo, como opinión personal, esta pequeña complicación en la lectura forma parte del encanto innato del libro.

La caracterización de los personajes es uno de los aspectos más trabajados por el autor. No sólo somos capaces de averiguar su carácter o su talante por las pequeñas pero precisas explicaciones dadas por el propio García Márquez, sino que con los prolijos detalles dados somos capaces de averiguar su forma de ser. Así, Remedios, la bella, demuestra en su gusto naturalista de ir desnuda por la casa su talante despreocupado ante lo que piensen los demás o Fernanda del Carpio, siempre perfectamente arreglada y cuidando cada detalle minuciosamente, tiene una actitud perfeccionista y obsesivo-compulsiva, siempre atenta a la mirada ajena.

Gabriel García Márquez.

Gabriel García Márquez.

Es reseñable la característica del empleo del realismo mágico, propio de la literatura sudamericana. El autor nos presenta hechos maravillosos, mágicos y completamente fantasiosos como algo común y cotidiano, y viceversa. Así, el lector llega a sorprenderse de que dos hermanos sean completamente distintos en época adulta y acepta sin problema que una joven de belleza sublime ascienda a los cielos en un espectáculo de luces divinas mientras dobla sábanas en el patio de su casa.

Respecto al final, hacía años que no veía/leía un final similar. El autor consigue “cerrar” de manera magistral los no pocos misterios que surgen a lo largo de la novela, dejando alguno sin resolver, para implicar aún más al lector. Destaca la presencia de la metaliteratura en el fin de la novela.

El magistral empleo del realismo mágico, el continuo tono profético, la visible evolución de los personajes a lo largo de cien años perfectamente datados y la propia trama en sí atraen desde el principio, introduciéndonos como un habitante más de la mansión de los Buendía, llegando a conocer profundamente a todos y cada uno de los miembros de la estirpe.

Es un libro que no sólo recomiendo leer, sino que además animo a fijarse en la breve, profunda y diversa caracterización de los personajes. Tratar de entender sus motivos, sus implicaciones, su forma de actuar y, en definitiva, ponernos en su lugar, es una actividad divertida a la par que entretenida. En los cien largos años sucedidos en la novela el lector encuentra hueco para todo: desde los más frugales episodios cotidianos hasta risas e incluso llantos, cerrando por completo el episodio de los Buendía.

“[…]porque las estirpes condenada a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.”

Gabriel García Márquez.

Gabriel García Márquez.

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