Centro de gravedad permanente

destruccion

Con este titulo tan misterioso y filosófico el genial Franco Battiato nos alegraba aquellos maravillosos años de los ochenta, los años de la movida madrileña y con esta el descubrimiento artístico y musical del manchego Pedro Almodóvar y todo lo que supuso culturalmente aquella “revolución” cultural tan ligada a la transición política. Cabe preguntarse en este momento, qué tiene que ver esta reflexión con la economía, esa ciencia triste, melancólica, lúgubre que diría el filosofo y ensayista británico Thomas Carlyle (1795-1881). Todos hemos sido vapuleados mediaticamente en los últimos meses por los sucesos acaecidos en China, la oleada de migrantes procedentes del otro lado del Mediterráneo, de las muertes inútiles de tantos niños y familias que escapaban del terror y del genocidio que se viene produciendo en Siria y que nadie ha sido capaz de poner freno y alto el fuego a semejante órdago de violencia. Algo tendrá que ver el interés económico de las multinacionales de la construcción público –privada con ese afán destructor del ejército sirio obediente al genocida Bashar al-Asad, por cierto, un país no demasiado grande y, además, vecino de naciones absolutamente ricas. Siria, desde mi punto de vista no es un lugar estratégicamente importante para los europeos o los norteamericanos. Si que es cierto que es un paso obligado para el petróleo foráneo por los oleoductos del país y que genera ingresos para el gobierno, es también un país bisagra entre Europa y Oriente Medio. Solamente hay algunas inversiones en la industria azucarera, fosfatos, cemento e industria textil. En cambio si lo está siendo para la Rusia del belicoso Vladimir Putin. A veces no importa la geoestrategia sino la venganza y la sinrazón entre los pueblos. La economía se siente superada por esa clase de escenarios violentos que se autoalimenta en la destrucción y la exaltación de la muerte sinsentido. Pues bien, se han reiniciado loa ataques aéreos sobre objetivos militares del enemigo, el Estado Islámico y ya la noticia es de otro orden de prioridad.

Ha sido patético el fracaso diplomático y político de los líderes de ambos frentes para intentar establecer un proceso de paz que permita evitar la huida de más gente hacia Europa. La intransigencia, la estupidez y la ambición de poder se han impregnado otra vez como en los viejos tiempos de la guerra fría. Como señalaba el otro día en otro medio, no se ha evolucionado nada en cincuenta o sesenta años. De nada ha servido tanto esfuerzo militar y diplomático. La única que sale fortalecida es la industria de armamento. El famoso complejo militar – industrial que ya anunciaba el Presidente Eisenhower y corroborado por el gran economista y pensador americano de origen canadiense, John Kenneth Galbraith (1908-2006) durante la época de Kennedy y la guerra de Vietnam. Al final llego a la conclusión que las potencias económicas y más beligerantes necesitan imperiosamente un Vietnam permanente, que les estimule y les infle las cuentas de resultados de las empresas que conforman la industria militar.

Por eso reflexionaba al principio acerca de la búsqueda de “un centro de gravedad permanente que no nos haga variar lo que ahora pienso de las cosas, de la gente, yo necesito un centro di gravitá permanente…”.

Al final desconocemos cómo va a desarrollarse el acuerdo de la Unión Europea con el fin de aceptar y acatar las decisiones de asignación del cupo de refugiados y su reubicación, en cada uno de los países comprometidos. El invierno y el frío se acercan y puede ser trágico si antes no se resuelve dicha reubicación, y se les busca un entorno donde poder permanecer bajo techo, con unas condiciones dignas de alimentación y trabajo para poder iniciar una nueva vida en Europa. Será difícil y muy complicado poder conseguir estabilizar este objetivo por parte de las organizaciones humanitarias. Como siempre se procederá a modo de huida hacia adelante y asistiremos a un proceso de selección y supervivencia de los mas fuertes, al viejo estilo darwiniano.

Y cambiando de tercio totalmente, quisiera hacer una reflexión sobre nuestro futuro a corto plazo. Hoy en día, no tenemos las suficientes herramientas de precisión que nos permitan ofrecer una creíble y coherente predicción económica con el alto índice de incertidumbre y ruido mediático que nos rodea y nos invade por momentos. No hay modelo econométrico que garantice un éxito manejable por los diferentes analistas y consultores. Lo que sí sabemos con absoluta certeza es cual va a ser la evolución de variables como el paro, asegurando que no se van a mover a la baja a corto plazo, lo que sí es probable es que se observe algún leve repunte en las cifras de desempleados si se confirma una nueva mini recesión, como resultado de la crisis de los emergentes. La situación de inflación no mejora a corto plazo, al contrario se encalla la situación deflacionaria y de estancamiento en la que nos encontramos ahora. Es más, con unas elecciones generales a la vuelta de la esquina y con una Generalitat catalana en proceso de búsqueda de una presidencia incierta, es muy difícil, diría que imposible, que se produzcan cambios importantes en la política económica, o sensibles mejoras en la distribución de los ingresos. Demasiadas incertidumbres y, aun activando las luces largas, tenemos que ser muy realistas señalando que no tendremos un gobierno, espero que estable, hasta mediados de enero de 2016. De modo que vamos a necesitar mucho coraje y estabilidad emocional para seguir insistiendo en la incesante búsqueda de nuestro centro de gravedad permanente. ¡¡Cuan largo me lo fiáis!! Recordando las palabras de nuestro mítico Don Juan, en El burlador de Sevilla según la obra del dramaturgo Tirso de Molina, circa 1630.

Para aquellos más jóvenes que no experimentaron aquellos años ochenta, les sugiero tomen nota de este genio musical italiano que todavía permanece en activo y nos sigue sorprendiendo a todos con su extrema creatividad y plasticidad artística. Me temo que continúa buscando su centro de gravedad permanente. Y es que no es tan fácil, ¿estáis de acuerdo conmigo?

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