Odio (Autor de la ilustración: Antonio Vicente Perez Romero).

El vacío rojo

Odio (Autor de la ilustración: Antonio Vicente Perez Romero).

Odio. Autor de la ilustración: Antonio Vicente Perez Romero

¿Has podido sentir el vacío rojo? Es el vacío más allá del vacío. No la nada de cuando algo se acaba y de alguna manera puedes ver el círculo cerrado desde dondequiera que tus emociones te hayan puesto: arriba o abajo.

El vacío rojo es mucho peor. Es el vacío arrebatado, la dictadura de un ´no´ rubricado sin derecho a réplica. Es el vacío del abandono, la negación unilateral de tu derecho a expresarte. El vacío rojo te hace arder las entrañas. Te condena a vagar por los parques llenos de gente alegre mientras tus cascos te aíslan del sonido de esa alegría para que Simon & Garfunkel te taladren los oídos con su Scarborough Fair calmando con austera dulzura los demonios de tu frustración e impotencia.

El vacío rojo es el que te condena a vivir un luto en verano.

Es el vacío de aquellos a quienes el capital les roba la casa, les sustrae todo lo que alguna vez poseyeron para la prosperidad de los suyos, violados por un sistema que, desde pequeños les ha dado de comer para luego hundirles el espíritu con algún golpe inesperado. Como una madre que amamanta con veneno a sus hijos. Yo he visto de cerca ese vacío en los ojos de los que han sufrido éste dolor…

Es el vacío de aquellos que mendigan amor, cariño, un abrazo o tal vez un minuto de atención en un mundo que se ha ido llenando de vacío, de ese vacío rojo. Yo he visto de cerca ese vacío en los ojos de los que han sufrido éste dolor…Lo he visto en animales abandonados llenos de humanidad, y en humanos abandonados tratados como animales. Lo he visto de cerca…

El vacío rojo es un vacío lleno, lleno de sangre, de sangre hirviendo.

Es el vacío de aquellos que te miran con una mirada llena de infinita pena mientras ríen y se presentan estrambóticos viviendo de las ayudas del estado impotentes por ser incapaces de socializarse correctamente. Locos llevados a la locura por haber sido amputados de comprensión y consuelo debido a su condición sexual, creencias o ideologías. Yo he visto de cerca ese vacío en los ojos de los que han sufrido éste dolor…Lo he visto en el triste encanto de un transexual, abandonado a la locura en un barrio cualquiera de Londres…Lo he visto de cerca…

El vacío rojo es ese vacío injusto, incomprensible, en el que el aire que te rodea arde ante tus ojos y oídos. En el que tu estómago alberga una bola de fuego que te mantiene en un estado de alerta sin fin. Y no hay ninguna manera que tu mente pueda concebir para escapar a ese dolor. Es un parto, un embarazo de rabia, al que unos dan a luz matando, otros gritando, otros muriendo de pena o saltando desde lo alto. Otros bebiéndose los dos lados del mar rojo. Otros haciendo infelices a los de su alrededor, otros callando y pasando inadvertidos hasta que se van por la puerta de atrás de la vida sin que nadie les eche de menos…Yo he visto de cerca ese vacío en los ojos empañados de un profesor que contaba cómo habían martirizado a uno de sus alumnos por ser diferente.

El vacío rojo es un ritual pagano en el que de un tirón te arrancan las tripas de cuajo en el cénit de tu felicidad.

Lo he visto en una mesa llena de niños, en un campamento cualquiera, a la que durante el día de padres en los que los progenitores llegan a recoger a sus bien criados pequeñuelos, a éstos de dicha mesa no viene a recogerlos nadie porque no tienen familia. Y sin embargo sonríen…yo he visto ese vacío de cerca, porque son sonrisas que se sobreponen a un mar de dolor todavía sin racionalizar. Como la espuma blanca de una ola que reluce sobre una terrible tempestad.

Es como un Romeo por quien su Julieta no muere.

Espero que nunca tengas que sentir el vacío rojo. Pero si llega, entiende esto:

Se fuerte mientras lloras. Administra tu energía, y cuando el volcán de rabia estalle corre, corre hasta que caigas rendido. Fríe tus oídos con música hasta que dejes de pensar. Mira el horizonte cuando anochece, sal y observa el cielo y las estrellas, pero ten cuidado con la luna, porque es muy melancólica y te lanzará a largos paseos nocturnos. Aunque tal vez, te haga compañía si aceptas tu abandono.

Habrá días en los que todo salga mal, acepta esos días, y vuélvete a levantar. Céntrate en el dolor y no en los porqués. Podrás analizar las causas cuando haya desaparecido, si lo haces antes de que haya desaparecido el sufrimiento probablemente enloquecerás. No huyas hacia adelante en el dolor porque podrás herir a otras personas. Espera, y busca la calma dentro de la tormenta, cuando empieces a conseguirlo estarás empezando a salir del vacío rojo. Ve poco a poco, y cuando no puedas más ríndete, pero solamente hasta la mañana siguiente, hasta que esta llegue, si tienes que sacar tus demonios, procura que sea a solas.

Si tienes padres, ámales, si no los tienes ama a tus amigos, apóyate en las pequeñas cosas como si fueras un surfista que aprovecha las olas y apura cada momento de alegría hasta que te dure el gozo que te proporciona.

Hoy lo he sentido yo, y haré lo que todo humano derecho haría: llorar, gritar, cagarme en todos los carros del infierno hasta quedarme dormido y mañana, con la sencillez de un pájaro me volveré a levantar para hacer mi oficio de hombre.

Esto va por todos los que hoy, no encontrarán una mano amiga surgida de la nada como en las películas. Y tendrán que llorar su dolor solos. Aún con todo, soy un tío con suerte. Mucha…

Mientras las injusticias habrán encontrado un corazón doliente, pero una dignidad firme, y al caso, eso es lo único que parece que nos puede quedar en esta vida montada para unos pocos, pero plagada de pequeñas joyas para el resto.

Buen camino, y si encontráis una buena ola no dudéis en subiros a ella, nunca se sabe cuándo volverá a pasar, y tal vez os lleve lejos, muy lejos.

Salud.

la sombra

La sombra

la sombraMe encontré con la sombra una noche, cuando saliendo al hálito dulce de la acogedora noche de verano anduve sobre las losas perdido en quimeras cotidianas. A penas fueron unos pasos y entonces la vi, por el rabillo del ojo, acercándose desde el otro lado. Supe que era ella, la sombra, su cara me era familiar y los vigías apostados en mis retinas, en mis oídos y en mi olfato la conocían de sobra…sonó la voz de alarma.

Enseguida bajé el rostro a tierra y fingí mirar la hora, en la taberna de mi estómago se cerraron las puertas de golpe y la criada echó a los comensales a destiempo. Una cuadrilla de nervios gritaron desde el fondo quejándose por haber sido despertados. Se nos iban los centímetros de entre medias de los dos, huían escandalizados dejando paso a lo inevitable: un saludo básico, de paso, en el que no acerté ni a descubrir con mis ojos, los suyos.

Me quedé removido, pasto de un terremoto locuaz que movió mis tiernos cimientos con un poder superior al mío. O quizás fui yo quien confirió ese poder a la sombra.

Porque la sombra, al carecer de cara, puede ser muchas cosas, pero casi siempre es lo que nosotros ponemos de misticismo en ella. Es como un espejo, pero un espejo ladrón que no devuelve imagen alguna, sino que absorbe lo que nosotros le presuponemos. Como un papel en blanco al que le lanzamos letras que no podemos luego leer. Nos quedamos con una sensación de vacío, como si nos hubieran robado. Pero también puede ser lo oscuro que la moral no contempla. En este caso la sombra tenía cara, y esa cara dotaba a la sombra de un deseo aún por desentrañar.

¿Era un deseo carnal? ¿Fue simplemente admiración? No sé si importa ya…porque en este caso no pude descubrir la respuesta, y por eso, la sombra, esta sombra, se me hizo más oscura.

Esta sombra, la sombra, puede ser muchas cosas, pero para mí fue lo no tenido, lo no descubierto, levadura para los sueños y los humos de la mente. Se transformó en un mito con el que sentarme por la noche, luego de una juerga fracasada y fantasear entre delirios resacosos con cómo hubiera sido encontrarme con la sombra, a plena luz, bajo el sol de la verdad. Quizás es eso, lo que nos gusta desear, simplemente desear porque todos tenemos noches de aciago en las que necesitamos un peluche de carne y hueso al que abrazar, aunque sea en sueños.

Pero conforme me hago mayor y me ablando, voy perdiendo el gusto por tener mi mente llena de juegos de sombras, quiero sentir y poder manejar, como el niño que juega con plastilina, de mi realidad. Deleitarme a capricho con algo real, y si no, a otra cosa. Que a veces he sentido el rumor de los años que vienen en los que el peso de una mente sin trillar hace que los hombres se encorven destilando sus fantasmas a golpe de botella. A esta sombra la diría tantas cosas, que quizás se las escriba, para no olvidarlas. Sombra que me ves rojo de secretos que pintan mi cara cuando me encuentras, goza con mi devoción y respeto, pero, si no se descubre al sol de la verdad nuestro encuentro me temo que dejaré de soñar despierto, y haciendo de tirano a mis bajas pasiones me iré al convento de la moral, donde cada cual administra sus adentros para dar la cara ante el vecino, ante el hermano y ante el ministro.

Gozando todos de la lozanía de la decencia, del buen gusto de las normas sociales, mientras a cada cual, en sus noches de aciago, le vienen las legañas de deseos frustrados y se encuentran mirando al techo de sus alcobas a falta de un amante que les tape la visión del techado.

Esta sombra quizás es luz, y sea la estrecha moral la que la relega al oscuro de la noche, confundiéndola yo con algo prohibido maduro ya en el alto árbol. Pero a veces me apetecería sentarme a devorar la manzana mientras el jugo me resbala en cataratas de culpa consumada, a la que, conforme el reloj de la experiencia avanza, doy menos importancia. Devorarte, sí, sombra que me visitaste. Sin complejos ni amenazas, quizás pudiéramos habernos dado una felicidad que pocos soportaran.

Así vamos, avanzando sobre el enlosado, sonriendo, engordando, mientras al sol de nuestra vida que se precipita hacia el ocaso de los años nuestras sombras, desatendidas, de deseos tal vez legítimos, pero desatendidos, se van alargando.

¿Qué es la Luna?

luna1La Luna es una promesa. La Luna es un Cupido en las noches de verano. La Luna es una madre que nos observa dormir durante el sueño. Las apariencias no engañan. No a los ojos del corazón. Y La Luna, aunque sea un yermo (según nos han contado los que dicen que fueron, si es que lo hicieron), que flota solitario en medio de la voraz noche del cosmos, a mi me parece un medallón de plata que reluce, que da esperanza, y me sonríe.

La Luna es Luna, y aunque esté llena de cicatrices, a mi me mira brillando, y por eso la quiero. La quiero aunque, si algún día, pudiera verla de cerca y descubrir su fealdad no me importaría, pues su constante brillo, es su lealtad. Porque, al fin y al cabo, las cosas que alumbran son las que no se juzgan a sí mismas, las que no juzgan afuera, y simplemente brillan. Cuanto tengo que aprender de la Luna.

Aunque, creo que he avanzado, desde la noche de los años y las hostias de la vida que te llegan antes de saber decir esta boca es mía, y que moldean tu carácter sin preguntar, ni dar tu consentimiento; creo que he aprendido algo. Algo que no he hecho hasta ahora, al menos, no conscientemente. Voy a dejarme querer, voy a hacer igual que la Luna, quien, a pesar de ser una esfera llena de heridas brilla dejándose alumbrar sin complejos por un sol generoso. Sí, voy a hacer como la Luna, no más pantomimas ni acrobacias para deslumbrar a un público escaso, voy a ser Luna, y, aunque el destino me lleve a estar en lo alto de un cielo oscuro brillaré dejándome querer.

Voy a dejar que todo fluya, si la marea te trae hasta mí, o si la marea me ha llevado hasta tu puerta ¿quién soy yo para retenerla? Me voy a dejar llevar en un barco sin timón donde yo no pueda decidir el rumbo, pero sí desplegar las espléndidas velas que se hinchen impulsadas por un viento optimista. Ése es el secreto de la Luna, ser ella misma, y brillar porque se deja iluminar; ella se deja llevar por la corriente que la trajo hasta nuestros cielos y por esa sabia decisión la coronaron reina de las mareas.

¿Y qué si reflejo la luz de otros? ¿Podría, a caso, crear mi luz propia? No, sería como un troglodita intentando hacer chispa con dos piedras de mantequilla. Voy a dejarme querer, regalar un espejo imperfecto a la luz que viene del cosmos y brillar. Sin fingir ni aparentar. No más ficciones. No me hicieron alfarero sino barro. ¿Fingir tener luz propia y no necesitar (que no depender) de nadie más; o dejarme alumbrar para alumbrar?
Porque aquí hay un secreto. Dejándose iluminar, se ve mejor en las tinieblas de uno, y, por ende, se brilla más fuerte hacia los demás. No se puede hacer una cosa sin la otra. Querer deslumbrar siendo un espejo sucio, es proclamarse sol, haciendo luz de gas. Lucifer en carnavales, vestido de ángel de luz.
No hay pecado en la Luna. Ella ES, y no se culpa; porque esa es la gran falta, saberse desnudo y avergonzarse por ello. Saberse Luna y no querer brillar. Pero en el mundo de los hombres una cruenta batalla de dimes y diretes se desató desde las lenguas de algunos clericales contra el resto del rebaño y se corrompió la levadura.

Dejo ya de hablar de alumbres y deslumbres, que la factura de la luz subirá. Miento, la luz verdadera es gratis. Hay precio por no brillar, por callar, por mentir y no navegar, por no vivir: la soledad, la oscuridad del alma, la muerte.
La Luna, la recuerdo en una noche de verano en alto, en medio del telón, tiñendo el cielo con un arcoíris que moría en fucsia oscuro cuando besaba el oscuro nocturno. Mientras los grillos, con sus cantos, encendían mi imaginación en infinitas posibilidades a historias que tal vez estuvieran ocurriendo en torno a las luces que titilaban en el campo allá a lo lejos, o allá arriba, en el cielo estrellado. El aire quieto y caliente arropaba cada recodo de los caminos haciendo dulce el descampado, abriendo las flores que dan fruto, la tierra preñada bajo mis pies.
La Luna es un sol que, rebajando su brillo, nos guiña el ojo, para que, al amparo de la oscuridad bienaventurada, prodiguemos un beso enamorado, furtivo e inesperado a nuestro Romeo, o a nuestra Julieta.

Y sin remedio, saldré al balcón a cantar bajo la Luna en un susurro, incapaz de dormir, de pura emoción.
Huele a verano.

Autor: Antonio Vicente Pérez Romero.

Telecracia. Candidata la cándida

Autor: Antonio Vicente Perez Romero.

Autor: Antonio Vicente Pérez Romero.

No creo en la democracia. Ale, ya lo he dicho. Y por ende casi no creería en la política de no ser porque es hermana de la voluntad, en significado, en sangre; y todo el mundo, desde el más budita al más ególatra volunteamos de vez en cuando. Pero ya que me parieron en este salón de bailes y me toca bailar, por el momento, hasta que se me ilumine o me iluminen y pueda bajar del tablero en condiciones (que soy muy sibarita), propondría el nuevo paradigma de gobierno adaptado a las nuevas circunstancias eléctricas que poseen las sociedades avanzadas.

Lejos de hacer referencia al poder de los medios de comunicación para esclavizarnos la voluntad con sugerencias tales que dejamos de ser objetivos para convertirnos en objetos, mi poco inspirado tocho de hoy viene a presentar el súmmum, la concreta chorrada que tal vez nos facilitaría las cosas, o nos metería más en la mierda, o al menos cambiaríamos de paradigma mierdoso; que cambiar de mierda también es saludable. ¿Qué si vamos a votar a un cajero como vamos a sacar dinero? Telecracia. En los pasillos por donde soplan los vientos de la inspiración venidos desde la ignota Isla de Pragma lo he oído. Al fin y al cabo, todos lo sabemos, bajo el tapete mandan los mercados, y los billetes son nuestras papeletas para (no elegir) sino engordar a tal o cual. Por lo menos me ahorraría verles la facha a algunos presidenciales prescindibles impresentables.

Se hace una propuesta vía SMS, correo o lo que sea, proveyendo TODA la información concerniente al asunto. El ciudadano se molesta en informarse, venga, sí, a estas alturas sabéis leer y entender algunas cosas benditos hijos de puta. Y luego se va, al muro de los lamentos y se mete un código, o una tarjetita, o el falo y se dice sí o no, y asunto resuelto. Sin campañas, casi sin partidos políticos, o mejor sin el casi. ¿Lo imagináis? Un gobierno moderado por una inteligencia artificial, que nos permita ser humanos sin tener que pensar en el ejercicio de la eficiencia a la hora de llegar a cubrir necesidades; que quitara de aquí para poner allá, modulando y compensando todo eso en cuestión de milésimas de segundos ( la de encuentros y comidas, y putas que nos ahorraríamos). Un superordenador por localidad o comarca si me apuran, y a vivir. Queremos estar al frente de nuestro propio gobierno, queremos ser los honorabilísimos protagonistas de nuestra égida, y no. Nosotros no podemos hacer eso, nosotros comemos a tal hora, cagamos, y nos acostamos, y nos levantamos meados, y soñamos, y no podemos dormir a veces…y todo eso.

Al menos para el punto en el que están las cosas no sería imposible, nada de eso, Telecracia: eficiencia, resultados, y fuera toda la paja emocional de las campañas y legislaturas destempladas donde el unto social se vuelve tan espeso que es intragable. Telecracia y a la mierda el hambre en África (El Convenio del Hambre (pactado todo), que eso daría para otro tocho); Telecracia y que le den por saco a los informativos que no son más que una recopilación de videos gore. ¡Gora Telecracia! Ágoras de píxeles reunidos para decidir qué propuestas mostrarnos, reducir el impacto humano en la toma de decisiones prácticas. Píxeles sin testosteronas, estrógenos, miedos e impotencias. Adiós al y tú más; hola al, me voy a votar la propuesta de hoy, ahora vuelvo. Porque podría votarse TODO, a un ritmo de decisiones diarias, nada de esperar cuatro años (Dios mío…) para hacer tal o cual cambio en la ley. No habría parlamentos ni cámaras de poderes. Sólo tú y la máquina. Pim, pam, púm…La política sería de ejercicio diario, disciplina a punta pala; imagínate si sólo te obligaran a salir a correr una vez cada cuatro años, para luego poder quejarte desde tu sofá. Pues no señora, creo que el hecho de conformarse en votar cada cuatro años no te da derecho a quejarte, gandul, en todo caso trabaja por la Telecracia, votar todos los días, ser tu propio señor. Luego pasa lo que pasa, que como sólo hacemos política cada tanto, nos levantamos del sofá, con el juicio fofo y ¡zas! Echamos la pota en las urnas, y sale lo que sale. Tenemos lo que nos merecemos, basta ya de criticar tanto a fulano, mengano o Mariano.

Cuánto me gustaría ver a Mariano liberado de sus altos ideales; verle lozano, sin tener que dedicarse a mentirse a sí mismo, verlo tumbado por ahí, en algún parque, dándole de comer a las palomas, o a las gaviotas (¡!). No es ironía, genuinamente me gustaría. Y eso va para todos y cada uno de los políticos que me he echado a la cara, o mejor dicho me han echado a través de la caja boba. Generaciones enteras de personitas que han bailado los últimos tiempos al son de la Temocracia (miedo, miedito, miedete).

El poder corrompe, eso debería ser ley cuasi inmutable. Y por ello se desprende que cualquier aspirante al poder te miente, porque no quiere el bien de todos, sino la parte del bien que cree justa. Porque no se intenta solucionar problemas o necesidades, no; previamente se cree en una ideología, y luego, se aplica sin adaptarla a la realidad ¡PUM! La cagaste Burt Lancaster. Y, o se está globalizado, o no se está. Y si gobiernas para todos, gobierna para todos, esto es, preocúpate de lo común: el comer, el beber, el dormir y el joder. Y ya. Qué ganas de encorsetarnos con altísimas quimeras, severas moralinas, ¿cómo no van a robar los poderosos? ¿Estamos negando ahora el instinto de conservación? Venga por favor, sorprenderse e indignarse, a veces creo que es igual o más hipócrita que robar en sí mismo. Que nos conocemos…

Nos ahorraríamos esos mítines donde el candidato o la candidata dice bla, bla , bla mientras al fondo te ponen una galería de cándidos candidatos a futuros candidatos con la mente recién follada (y esto va para la derecha tanto como para la izquierda). Se vota por las emociones, no por las razones, al menos, hoy en día donde todo es papel mojado; mojado de reflujos erótico-mentales. Estoy hablando de unidad, de necesidades, no de esas ideas que fuerzan las necesidades y no solucionan las de su contrincante (qué bajeza hay en esto). Nos ahorraríamos los partidos, ¿no lo veis? Estoy deseando hacerlo, no habría Ying o Yang, solamente un Vine, Vi, y Decidí, pero no Creí; no un Creí, Vine, Vi, Obvié, Mentí, Gané y te Jodí. En fin, todo se resume en que la otra noche, a las tres de la mañana vi a una antigua mina que me quitaba el sueño y me daba miedo, por lo alocada que era, a partes iguales. Un ser libre, desvergonzado, y tan acertado que no le importaba su desacierto, sólo se guiaba por su instinto, una reliquia en los tiempos que corren. Pues me la encontré pidiendo votos a las puertas de un cementerio de estos con luces y música a los que íbamos a morir los que ya cruzábamos alcoholizados el umbral hasta el mañana. Allí estaba ella, ¡pidiendo votos para su partido! ¿Dónde había quedado esa joya que hubiera preferido estar dentro divirtiéndose a claudicar al cáncer de la razón que pretende cambiar este mundo? Qué tragedia, ¡qué locura! Y le firmé, le firmé por guapa, y porque como la vi tan cándida candidata quise que esa primera inocencia de alguna manera llegue al poder y me haga callar en las convicciones que aquí propongo, que se conserve pura e idealista, pero temo por ello, y lo dudo, muy a mi pesar. Allí los dejé, a las puertas, recogiendo firmas de gente borracha mientras yo me internaba en la espesura espirituosa con unos cuantos cientos que intentábamos liberar al subconsciente esa noche, una de tantas. En eso se basa la democracia, en dar poder a uno, poder de la voluntad, para que tome decisiones, y a mí, eso me suena a rito pagano, a idolatría bastarda, a arterias lentas por las que no fluyen suficientemente rápido los deseos del corazón, de la voluntad…brujería.

Ahora dicen que una llamarada solar podría dejar inservibles todos los aparatos eléctricos de una zona localizada, o de todo el planeta. Con lo que mi Telecracia se iría al garete. Pero de alguna forma lo deseo, porque con ella se irían todas las porquerías que me han llevado a huir hacia adelante para proponerla, o al menos, no las veríamos salvo en mínimas dosis mientras vagamos por el llano en busca de algo que echarnos a la boca y nos topamos con algún tocayo. Porque al fin y al cabo quedaría lo que somos, y deberíamos ser, un lobo que arrebatado por el instinto y sin saber, ni preguntarse, por qué, aúlla a la Luna liberando en grito de dolor la pasión que le producen las potencias que en su cuerpo puede sentir.

Sentir…

Click…

gusanos de unos, gusanos para otros

Gusanos de unos, gusanos para otros

gusanos de unos, gusanos para otros

Los fuelles del mundo siguen soplando con compás afortunado pero fatigado, estrambótico a más no poder; estrambótico y estrafalario, pero así es el orondo oriundo de éste universo, un viejo globo para nosotros, un pedo verde y azul para el veterano oscuro del cosmos. Estrambótico y estrafalario porque va cargado de todas y cada una de nuestras tonterías, y mientras nosotros discutimos unos con otros por ver cuál es la más justa y divina, el orondo cumple su pacto con el sol y le ronda vigilando y adulando su soberbio calor.
Lorenzo tiene un buen aprecio a nuestro orondo porque es el único de entre todos los corpachones esféricos que le bailan el agua, que no le hace luz de gas y reverdece agradecido por los veranos en guiño que el flamante anfitrión del sistema le brinda.
Mientras tanto, revoloteando por su variopinta piel, nosotros, como un enjambre de pulgas pedorras nos arremolinamos creando picazones y descreyendo dádivas de nuestro planeta generoso. Admitámoslo, no tenemos derecho ni a crear una pretendida humildad, no podemos, somos, y seremos siempre niños de teta, irreverentes y endiosados incapaces de concebir en nuestros pocos centímetros cúbicos de entendimiento la abrumadora ignorancia en la que vivimos; niños de teta como digo, mamones.
Pero también admitiremos que, por mucho que se esfuerce uno, la historia, hasta donde llegamos a recordar y a predecir, siempre ha estado teñida del mismo drama: una masa ignorante que se baña en las heces de su propio interés y deseo, y un puñado de visionarios de entre los cuales unos también se bañan, pero en las natas, de su propio interés y deseo, y otros intentan cambiar a costa de tantas cosas que a veces me pregunto si son tontos, o si no son de este mundo. He hablado de la Tierra, de la Pachamama, para poner en relieve que nosotros, no somos más que la parte contratante de la primer parte, y que nuestro amado hogar es otro tanto, y lo mismo es nuestra galaxia, etc. También lo somos nosotros para nuestras pulgas y éstas para nuestros átomos, en fin, no voy a tomar ahora las riendas de un caballo poético harto de que otros le hayan espoleado antes que yo con mayor acierto para hablar de un tema tan manido: el infinito, para arriba, y para abajo, para el centro, y sí, para adentro. La escala de las escalas, no somos nadie…y para nuestros gusanos lo somos todo.
Lo que me lleva por fin al punto de semejante rodeo caligrafiado: la perspectiva con la que se miren las cosas. Quizás, si la historia se repite, es porque tenemos que repetirla, nuestras propias fuerzas nos lo mentan cada vez que nuestra mente se esfuerza en mejorar y ser más grandes repitiéndonos el clásico estribillo del cansancio al ver cómo a pesar de nuestras cornadas contra el espeso muro de la ignorancia (y a veces de la nuestra propia), Belén Esteban sigue ganándolo todo. Pero quizás en esto, haya una sabiduría que no entendemos, la de aquellos que no se descuernan contra ese parapeto. Quizás la humanidad no debe llegar a grandes logros, quizás se contenta con tener la tripa llena, y es ese su arte y su trascendencia. Bailar el inefable equilibrio de la suerte del descampado, del azar del campo que llueve y te da, o sopla y te quita.
Tal vez hayan varias humanidades, y siempre las ha habido en este patio de recreo. La una que se deja, la otra que maneja, y la otra, que abochornada e incapaz de cambiar la añeja fábula, se aleja. Quizás sólo debamos relajarnos, y dejar de meter barriga, posiblemente sea más sabio dejar de luchar contra nuestras miserias y mirarnos siempre como el eterno colegial que sufre una tara, un déficit de inocencia; tal vez tengamos que dejar de mirarnos como el sempiterno problema y aceptar que lo que tenemos de malo, y nunca, ¡maldita sea!, terminamos de matar no es tal, si no parte de nuestra raza, parte de nuestro destino cultural. Quizás, al igual que el orondo de nuestro planeta, debamos desencorsetarnos, y dejar de poner en ayuno a los instintos, porque, si en ello obramos mal, tal vez por fin, venga Dios a por sus justos y veamos si estuvimos errados o simplemente cosidos a prejuicios. Para ser hermandad, y todos uno, hay que irse a lo más bajo y empezar a aceptar lo que somos: gusanos de unos, gusanos para otros.

quemarropa

Cazadores de musas

quemarropa

Quemarse la ropa

Quemarse la ropa en andar contracorriente. Dejarse los labios en decir honestidades y no ser albañil de fachadas falsas, de muros repletos de esperpento. Pasar por esta vida coleccionando agravios al desuello, al letargo; no dejarse el pelo de oveja largo. Pensar por mí mismo, amarnos, sin que pensemos lo mismo. Adoctrinarme en la escuela del leopardo, que vive solo, pero vive largo. Adaptarme, ser un superviviente pero no perder la cabellera al venderme.

Administrar bien el tiempo que llevo en mi alforja, dándote algo de ese bien con conciencia y no tirándolo como estopa, porque así cada minuto cuenta: saber que lo que das es por deseo y no por ignorancia, te honra. Leer más