Tarantino no nació en Vizcaya

Alex de la iglesia

Alex de la Iglesia. (Fuente: 20minutos.es)

Si nos cuestionamos por el nombre del director de cine español más valiente, extremista, pasional, retorcido, burlesco, gamberro, perverso y desmesurado de la actualidad, la respuesta surge casi sin pensarlo: Álex de la Iglesia (Bilbao, 1965). Tan impactante como su figura, su filmografía no deja indiferente a nadie y aquí nos hemos propuesto analizarla aprovechando el estreno de su última película: Las brujas de Zugarramurdi. Un recorrido que nos servirá para conocer la postura de Álex frente a la gran duda existencial sobre la esencia misma del cine: ¿arte o entretenimiento? La segunda opción, no hay duda. De la Iglesia es diversión y estímulo, sorpresa y pasatiempo. Puro entretenimiento. Más que una premisa, un escudo ante la etiqueta de excesivo e histriónico. El director no entiende su cine como un cuadro realista con el que fotocopiar el mundo que le rodea, sino más bien como una ventana por la que escapar de él mismo. ¡Para realismo la rutina del día a día! Gracias a las películas, podría alegar el cineasta, el espectador tiene la posibilidad de visitar lugares alejados de su vida cotidiana o ponerse en la piel de personajes cuyos conflictos morales o vitales ni siquiera ha llegado a imaginarse. La realidad no es más que un espectro que lleva al extremo, un estado que estira a su antojo para construir un producto ocioso marca de la casa. Una fórmula que no cae, sin embargo, en fórmulas ni corrientes populares. Leer más

La gran familia española (Daniel Sánchez Arévalo)

Silencio, se juega.

La gran familia española, de Daniel Sánchez Arévalo.

La gran familia española, de Daniel Sánchez Arévalo.

Que el cine es el mejor canal para dar vida a una historia lo sabe todo el mundo. Por ello, la industria del séptimo arte ha extendido sus miras, en incontables ocasiones, hacia el universo del deporte. Disciplinas como el boxeo (Toro salvaje, 1980), el golf (Juego de honor, 2005), el baloncesto (Coach Carter, 2005), el atletismo (Carros de fuego, 1981) o el beisbol (Moneyball: rompiendo las reglas, 2011) inspiraron obras, en algunos casos maestras, capaces de conciliar los secretos y códigos del deporte con el arte cinematográfico. No es el caso del fútbol, curiosamente el deporte más popular a nivel mundial, huérfano de una gran película que sintetice esos valores. Un deporte, por cierto, con muy poco calado cultural en Estados Unidos, sede de la industria más poderosa de la tierra: Hollywood. La falta de intereses y conocimientos futbolísticos de los grandes realizadores norteamericanos, unida a las tradicionales aspiraciones estetas de los europeos, explica la deuda que el séptimo arte mantiene con el mundo del balompié.

A los cines llega ahora La gran familia española, el último estreno del director Daniel Sánchez Arévalo. Afianzado en el panorama nacional tras sus anteriores éxitos (Gordos, 2009; Primos, 2011), el madrileño se mueve como pez en el agua en las coordenadas de la comedia costumbrista atenta a las preocupaciones  del ciudadano medio. En su último trabajo, relata los días previos a la celebración de una boda con el telón de fondo de la final de la Copa del Mundo de fútbol de 2010 conquistada por la selección española en Sudáfrica con aquel inolvidable gol de Andrés Iniesta. No es la primera vez que el director se acerca del mundo del fútbol. En 2002, antes de grabar su primer largo (Azul oscuro casi negro, 2006), Sánchez Arévalo demostró su interés por la materia en su cortometraje ¡Gol!

Desde Los once diablos (Zoltan Korda, 1927), muchos han sido los cineastas que han intentado descifrar los secretos del balompié y trasladarlos a la gran pantalla. Repasamos las obras que más cerca han estado de conseguirlo.

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Darren Aronofsky.Darren Aronofsky.

Darren Aronofsky; carne cruda.

Darren Aronofsky.

Darren Aronofsky.

El chiringuito de la playa está a punto de clausurar las noches tibias, sí amigos, y la brisa cálida y los atardeceres sobre la piel brillante de los hombros desnudos. Ahora es el momento de hacer de nuestra sala de estar la madriguera más confortable que podamos imaginar para aguantar con entereza moral el largo invierno. Atrezzo indispensable de un confortable hogar en una larga, fría y solitaria noche, en la que decidamos no escuchar  la llamada de los bares, es una buena peli, claro.

El concepto de bueno y malo es siempre subjetivo, lo que para los irakíes es malísimo para los estadounidenses al revés, por ejemplo. Todo es relativo, y si hablamos de una disciplina totalmente personal como el arte, mucho más. No diré por tanto que el cine de Darren Aronofsky es bueno, porque eso queda a juicio de cada espectador, pero sí podemos afirmar con objetividad que cuenta historias originales, de personajes poco convencionales y a la vez normales, bien construidas narratológicamente hablando y bien estructuradas y moduladas, y por último, intensas, verdaderos dramones, para ser exactos. Leer más

El ivazo, la peor enfermedad de la cultura

L’Enfant sauvage (François Truffaut, 1970)

L’Enfant sauvage (François Truffaut, 1970)

Si la cultura fuera una persona, me la imagino como una señora anciana. Pelo cano, sonrisa amable y ojos radiantes de vitalidad. Doña Cultura, la llamaría la gente. Y cuando Doña Cultura se pasease por las calles, con su andar elegante y su porte erguido,  los viandantes admirarían su sabiduría. Perdón, ¿he dicho ‘me la imagino’? Ay, ¡qué torpe! Evidentemente, quería decir que así es como me la imaginaba antes de que le subieran el IVA en más del doble. Ahora, Doña Cultura es más bien Cultura a secas. La pobre está hecha polvo, enferma. Se zarandea por las calles con la mirada perdida, sintiendo el abandono aquellos que un día fueron sus más fieles seguidores.

Analogías aparte, qué pena. En septiembre se cumple un año desde que se aplicase el llamado ivazo, a saber, la subida sin precedentes del IVA cultural. Una medida que arrancaba a la cultura–exceptuando el sector editorial- de su posición en el impuesto reducido (por entonces un 8%) para pasar al normal (que se incrementaba hasta el 21%).  Por aquel entonces, el ministro de Educación, Cultura y Deporte -José Ignacio Wert- se justificaba y alegaba razones de ‘raíz europea’, refiriéndose a la demanda ‘explícita’ de la UE de que se redujeran las excepciones a la aplicación del impuesto general. Leer más