27 de Marzo: Día Mundial del Teatro

Celebración Día Mundial del Teatro 2012 (ITI)
Celebración Día Mundial del Teatro 2012 (ITI)

Celebración Día Mundial del Teatro 2012 (ITI)

El pasado jueves 27 de Marzo, como cada año, tuvo lugar el Día Mundial del Teatro. Este día es un referente para todos aquellos que no conocen aún el mundo teatral, para ello se organiza una gran cantidad de actividades vinculadas con las artes escénicas en más de 50 países.

La iniciativa de esta celebración la tuvo el Instituto Internacional de Teatro (ITI) en 1961, más concretamente el presidente del centro Finlandés del ITI Arvi Kivmaa; la propuesta fue aclamada.

Sin duda, lo más importante es la proclamación de “El Manifiesto del Día Mundial del Teatro”, el cual se lee antes de cada función de las que se realizan en este mismo día. Cada año se invita a una personalidad, dentro del mundo de las artes escénicas, a que redacte un mensaje con sus pensamientos y reflexiones sobre la actualidad del teatro, el cual será distribuido a todo el mundo y traducido a más e 20 idiomas. El autor del primer manifiesto fue, el gran dramaturgo y cineasta francés, Jean Cocteau en 1962; pero como él, grandes autoridades como Peter Brook, Arthur Miller, Dario Fo, Pablo Neruda o Antonio Gala han puesto voz a la comunidad teatral.

Este año, el dramaturgo y director sudafricano, Brett Bailey nos invita a reflexionar sobre el papel de las artes de la representación en este “mundo de poder desigual”.

Mensaje de Brett Bailey para el Día Mundial del teatro 2014

Donde quiera que haya sociedad humana, el irreprimible Espíritu de la Representación se manifiesta. 

Bajo los árboles de pequeñas aldeas y sobre sofisticados escenarios en grandes metrópolis; en salones de actos de colegios y en campos y en templos; en suburbios, en plazas públicas, en centros cívicos y en los subsuelos de las ciudades, la gente se reúne en comunión en torno a los efímeros mundos teatrales que creamos para expresar nuestra complejidad humana, nuestra diversidad, nuestra vulnerabilidad, en carne y hueso, aliento y voz.

Nos reunimos para llorar y para recordar; para reír y contemplar; para aprender, afirmar e imaginar. Para maravillarnos ante la destreza técnica, y para encarnar dioses. Para dejarnos sin respiración ante nuestra capacidad de belleza, compasión y monstruosidad. Vamos para llenarnos de energía y poder. Para celebrar la riqueza de nuestras diferentes culturas, y para hacer desaparecer las barreras que nos dividen.

Donde quiera que haya sociedad humana, el irreprimible Espíritu de la Representación se manifiesta. Nacido de la comunidad, lleva puestas las máscaras y vestimentas de nuestras distintas tradiciones. Utiliza nuestras lenguas, ritmos y gestos, y abre un espacio entre nosotros.

Y nosotros, los artistas que trabajamos con este antiguo espíritu, nos sentimos impulsados a canalizarlo a través de nuestros corazones, nuestras ideas y nuestros cuerpos para revelar nuestras realidades en toda su cotidianeidad y su rutilante misterio. 

Pero en esta época en la que tantos millones de personas luchan por sobrevivir, sufren bajo regímenes opresivos y el capitalismo depredador, huyen del conflicto y la escasez; en la que nuestra privacidad es invadida por servicios secretos y nuestras palabras censuradas por gobiernos intrusivos; en la que se aniquilan los bosques, se exterminan especies y se envenenan los océanos: ¿Qué nos sentimos impulsados a revelar? 

En este mundo de poder desigual, en el que distintos órdenes hegemónicos intentan convencernos de que una nación, una raza, un género, una preferencia sexual, una religión, una ideología, un marco cultural es superior al resto, ¿se puede realmente defender la idea de que las artes deberían apartarse de las agendas sociales. 

Nosotros, los artistas de escenarios y ágoras, ¿nos conformamos con las demandas asépticas del mercado, o utilizamos el poder que tenemos: para abrir un espacio en los corazones y las mentes de la sociedad, para reunir gente a nuestro alrededor, para inspirar, maravillar e informar, y para crear un mundo de esperanza y colaboración sincera?

Traducción: Fernando Bercebal

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