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10 películas para la Semana Santa

Ben-Hur (William Wyler, 1959)
Ben-Hur (William Wyler, 1959)

Ben-Hur (William Wyler, 1959)

La Semana Santa es tiempo de contrastes: vacaciones para algunos, procesiones para otros…y mucho cine para todos. El tiempo libre es lo que tiene: aumentan las horas del día frente al televisor y las cadenas no dudan en atiborrar sus parrillas con el catálogo habitual de películas de temática religiosa. Es decir, interpretaciones de las sagradas escrituras bajo la forma de aventuras históricas, épicas leyendas (el péplum) y grandes superproducciones basadas en el amplio repertorio narrativo de la Biblia, la vida de Jesucristo y la caída del Imperio romano. Todo un despliegue colosal de decorados espectaculares, presupuestos por las nubes, vestuarios llamativos, ejércitos de figurantes  y duración desmesurada del metraje.

La epopeya bíblica ya forma parte de muchas rutinas cinéfilas durante las Pascuas. El estreno reciente de Noe (Darren Aronofsky, 2014) confirma la tendencia. A continuación, repasamos las más destacadas:

Ben-Hur (William Wyler, 1959)

La odisea cinematográfica por excelencia, un despliegue sin igual de entretenimiento, arte, épica, belleza y técnica al servicio de todos los aficionados al séptimo arte. En pleno auge del Imperio romano, dos antiguos amigos (Judá Ben-Hur y Mesala) cruzan sus destinos hasta convertirse en enemigos irreconciliables. Basándose en la novela de un general de la guerra de secesión estadounidense (Lewis Wallace), William Wyler compuso una historia sobre la amistad, la religión, la injusticia, la venganza y la redención. Un presupuesto faraónico (el más grande hasta la fecha) precedió  un éxito descomunal, tanto para la crítica como para la taquilla, coronado con el botín de once Oscar de los doce a los que estaba nominado. Obra maestra.

El evangelio según San Mateo (Pier Paolo Pasolini, 1964)

El neorrealimo, la corriente artística que agitó los cimientos cinematográficos de todo el mundo a partir de su compromiso social, también acudió a la Biblia para enriquecer su filmografía. Hasta aquí nada extraño. La curiosidad estriba en que el encargado, en esta ocasión, de recrear con fidelidad y respeto la vida de Jesucristo fue Pier Paolo Pasolini, un ateo y comunista convencido. La sencillez de la propuesta neorrelista contrasta con las artificiosas fabricadas en Hollywood, mientras que el retrato del protagonista se centra más en su faceta de líder que en su carácter de mártir.

Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956)

La década de los cincuenta se recuerda como la época en la que los grandes estudios se enfrentaron a un nuevo y poderoso enemigo: la televisión. El glamour de Hollywood también vivió una mala época, y los estudios trazaron su nueva estrategia confiando en las grandes superproducciones. Si bien no alcanzó el éxito de Ben-Hur, la trascendencia de Los diez mandamientos no fue pequeña. Criado desde su nacimiento por la nobleza egipcia, Moises descubre sus orígenes hebreos y decide conducir a su pueblo hacia la libertad. De nuevo Charlton Heston como protagonista y cara más reconocible de una manera reconocible de hacer cine.

La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988)

Más allá de las versiones canónicas que inundaron las pantallas en los cincuenta y sesenta, la figura de Jesucristo también alimentó otro tipo de miradas más controvertidas. Fue el caso de La última tentación de Cristo un retrato más cercano a la ficción que pretendía alejarse de las versiones oficiales alimentadas por los evangelios. Una propuesta tan osada y polémica (poco recomendada para los más devotos) que no podía llevar otra firma que la de uno de los cineastas con más raza y talento de las últimas décadas: Martin Scorsese.

Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1923)

El maestro Cecil B. DeMille abrió la veda de las superproducciones históricas con su primera versión de Los diez mandamientos. Un preludio de la espectacularidad del remake de 1956 en pleno periodo mudo y con uno medios mucho más modestos. A pesar de la precariedad en las herramientas, los efectos técnicos lograron un resultado muy logrado para la época. Theodore Roberts se avanzaría a Heston en el papel de Moises.

Espartaco (Stanley Kubrick, 1960)

Suena raro, pero hubo una vez que un cineasta tan independiente como Stanley Kubrick se embarcó en un proyecto de los denominados comerciales, aquellos que están dirigidos por un gran estudio cinematográfico. Difícil contraste si tenemos en cuenta que el neoyorquino siempre se arriesgó con proyectos personales que escapaban a influencias externas. En un principio la epopeya del esclavo tracio más famoso de la historia iba a ser dirigida por Anthony Mann, hasta que por desavenencias con Kirk Douglas la Universal decidió el cambio de realizador. La mano de Kubrick ayudó a elevar al péplum al siguiente nivel, tanto a nivel técnico como artístico, conduciendo al proyecto junto a un magnífico (y mal avenido) elenco de actores al éxito absoluto.  A pesar de las reticencias y la mala conciencia por ceder parte de su esencia, Espartaco consagró al director en el estrellato.

La pasión de Cristo (Mel Gibson, 2004)

Ya en el nuevo milenio asistimos al renacimiento del drama bíblico. El hijo de Dios regresaba al centro de la escena gracias al muy creyente Mel Gibson. El australiano buscaba, con realismo y devoción, acercase al sufrimiento de sus últimos días de vida. Y a fe que lo consiguió. Hasta el punto de convertirse en el blanco de muchas críticas por ese empecinado afán de retratar tal pasión a través de unos excesos gráficos, una violencia demasiado grotesca (casi gratuita) y un latente rencor hacia el pueblo judío. Jim Caviezel y Monica Bellucci encarnaron los papeles protagonistas.

Rey de reyes (Nicholas Ray, 1961)

Una nueva vuelta de tuerca sobre la vida y milagros de Jesucristo. Grabada íntegramente en España, y con la presencia de Jeffrey Hunter como protagonista y Carmen Sevilla en el papel de María Magdalena, la versión de Nicholas Ray (icono del western y las producciones mastodónticas) se presenta un tanto menos dramática que otras más centradas en reflejar (muchas veces con sadismo) el sufrimiento de los últimos días de Jesús de Nazaret.

La historia más grande jamás contada (George Stevens, David Lean, 1965)

Retrato completo y gigantesco de la vida de Jesucristo según los evangelios, desde su nacimiento en la ciudad de Belén hasta la pasión de su trágico y esperanzador desenlace. Un biopic en toda regla con el mítico actor sueco Max von Sidow, con su aire enigmático herencia de su labor junto a Ingmar Bergman, encabezando un mediático reparto. El fracaso comercial un año antes de La caída del Imperio romano adelantaba la decadencia del género, y con ella, la de una manera excesiva y (en ocasiones) artificiosa de hacer cine.

El príncipe de Egipto (Simon Wells, Steve Hickner, 1998)

Terminamos nuestra recopilación con la aportación del mundo de la animación a la reconstrucción histórico-bíblica. Dreamworks se apuntaría el primer triunfo del género fuera de los estudios Dysney con El príncipe de Egipto, una nueva versión sobre la leyenda de Moisés, la liberación del pueblo judío, su éxodo posterior y la tabla de los mandamientos. Visualmente brillante, trata con complejidad el aspecto psicológico de los personajes y sus temáticas, alejándose de cualquier concepción infantil preconcebida. Inolvidable la maravillosa interpretación de When you believe, el tema central de la película, por parte de las divas Whitney Houston y Mariah Carey.

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