La historia del Rock en 25 canciones (primera parte)

Chuck Berry, padre del Rythm & Blues.

Chuck Berry, padre del Rythm & Blues.

Let there be sound, and there was sound; Let there be light, and there was light; Let there be drums, and there was drums; Let there be guitar, and there was guitar” (Let there be rock, 1977). Un  imberbe y mellado Angus Young lo tenía claro. Casi de forma celestial, el rock había surgido de entre las tinieblas para cambiarlo todo. La criatura contaba tan sólo con veintidós años de vida y ya le había dado tiempo a morir y resucitar un par de veces. Pero aquel monaguillo no tenía ninguna duda sobre el origen de aquel ente musical. Mientras, un Bon Scott impaciente por colgar los hábitos y deleitar de nuevo a sus incondicionales con su torso peludo y sus pantalones ajustados, deslizaba una fecha como el comienzo de todo.

La canción del grupo australiano ACDC ilustra, de forma paródica pero eficiente (como si de una ceremonia cristiana se tratara), el momento del nacimiento del rock and roll, primer estallido del universo rock: el ecuador de la década de los cincuenta. Una génesis para nada casual, ya que en aquella época las discográficas suspiraban por dar caza al mirlo capaz de sintetizar los sonidos negros del blues, la tradición blanca del country y la actitud rebelde de una nueva generación de adolescentes. Fue en Memphis (Tennessee), en el seno del sello Sun Records, cuando un 4 de enero de 1954, Elvis Presley entraba en el estudio para grabar la sesión que cambiaría para siempre el destino de la música popular mundial.

Y el rock se hizo. Tras derribar la frontera racial consiguió expandirse más allá de las fronteras norteamericanas. Su crecimiento, superada la inocencia inicial, le llevó a enraizarse como motor e icono del cambio social en los sucesivos episodios históricos. Por ello, y por convertirse en la banda sonora de distintas generaciones, llegó a convertirse (para muchos) en el movimiento cultural más importante del siglo veinte.

A partir de aquí comienza un recorrido (breve y puntual) a lo largo y ancho de la historia del rock. La estructura narrativa elegida para ilustrar dicho camino la forman 25 canciones de otros tantos nombres relevantes del género. Son muchos, decenas, los nombres propios que han hecho historia con su obra, su carisma y su leyenda. Abarcarlos todos en un mismo texto periodístico chocaría frontalmente con su objetivo divulgativo, por lo que la arbitrariedad en este caso queda justificada. Otra historia será que la elección subjetiva y cronológica de las obras y de sus autores sea la más adecuada para definirla. En el debe o el haber del que lo firma, según el lector, quedará el desempeño de la empresa.

 Jailhouse rock (Elvis Presley, 1957)

Elvis Presley, el rey del Rock.

Elvis Presley, el rey del Rock.

Sam Philips, fundador de Sun Record, tenía una frase recurrente: “hay una fortuna esperando a quien descubra a un cantante blanco con el sonido y sentimiento de los negros”. Antes incluso de su nacimiento, la industria de la música se frotaba las manos con la posibilidad de descubrir la chispa que prendiera la llama del rock and roll.

Un joven conductor de una empresa eléctrica de Memphis (Tennessee), aficionado a la música country, el blues y el góspel, se presenta en los estudios de Philips con la intención de grabar un modesto disco, regalo para su madre. Corre el año 1953. Aunque el hombre de negocios no se siente demasiado impresionado por las cualidades del desconocido Elvis Presley, consiente en devolverle al estudio, esta vez acompañado del contrabajista Bill Black y el guitarrista Scotty Moore. Tras muchas horas de ensayo, Sun Records decide editarle un disco salpicado por piezas country y blues al más puro estilo rockabilly, la primera especialización del rock and roll cultivada por músicos blancos. Así fue como en julio de 1954 Elvis Presley grabó su dinámica y salvaje versión de That’s allright, original del bluesman Arthur Crudrup, para muchos la primera piedra en la construcción de la catedral del rock. Sin embargo, no faltan las voces seguras de la existencia de ejemplos primitivos previos a la aparición del mito nacido en Tupelo (Misisipi), en discos de rythm and blues y de country and western. En cualquier caso, Presley fue el atractivo y talentoso catalizador de los sonidos marginales del blues negro y de la tradición sureña del country, hacia públicos más universales.

La carrera del rey continuaría su trayectoria meteórica con su fichaje por RCA de la mano del curioso coronel Tom Parker. Los números unos se multiplicaron mientras su carisma y erotismo enloquecían a la juventud norteamericana. De repente, el rock and roll había llegado a todos los hogares de Norteamérica. Sin embargo, el ansía comercial de la industria acabó por corromper el espíritu transgresor de una música de alma negra en favor de una versión mucho más edulcorada y suavizada. En el caso de Elvis Presley se evidenció con su partida a una base militar alemana para cumplir con sus obligaciones castrenses. A su regreso, la fiera había dado paso a un gatito domesticado centrado ahora en el cine más artificial.  Junto a ese giro comercial, la fatalidad terminó por sentenciar a un género que apenas contaba con cuatro años de vida. El 3 de febrero de 1959 la avioneta que transportaba en su gira a Buddy Holly, Rithie Valens y Big Booper se estrellaba contra un campo de maíz en el estado de Iowa. Años después, Don MClean recordaría ese momento, en su canción American Pie (1971), como el día que murió la música. En 1960, era Eddie Cochran el que fallecía al estrellar su vehículo contras una farola durante una gira por Reino Unido. Mientras tanto, Chuck Berry era condenado a cinco años de prisión tras verse envuelto en una acusación de tráfico de menores, poco después de que se destapará el matrimonio de Jerry Lee Lewis con la hija de su primo, de tan solo trece años.

Los sesenta habían llegado y el futuro del rock and roll era más oscuro que nunca.

Love me do (The Beatles, 1962)

The Beatles, iconos de la música popular.

The Beatles, iconos de la música popular.

Con el nuevo género en punto muerto en su Estados Unidos natal, Gran Bretaña acudió al rescate. De forma inesperada, los aires renovadores del rock llegaron desde Europa, justo cuando el viejo continente comenzaba a levantar la cabeza tras la terrible resaca de la Segunda Guerra Mundial, gracias a una nueva generación de jóvenes con una nueva forma de ver el mundo. Y no sería la primera vez que los hijos de su graciosa majestad resucitarían el invento, aunque esa es una historia que descubriremos más adelante. De nuevo los adolescentes como el combustible que alimentaba el cambio. La influencia cultural americana en los jóvenes ingleses durante la década de los cincuenta había sido decisiva. Por vía marítima desembarcaron en las ciudades portuarias las grabaciones que los marineros adquirían al otro lado del Atlántico. Los sonidos del country, el rythm and blues y el más reciente rock and roll, corrieron como la pólvora. Fue el caso de Liverpool, donde cuatro muchachos de origen humilde dieron sus primeros pasos antes de convertir a la industrial ciudad del noroeste de Inglaterra en el centro neurálgico de la música universal de los primeros sesenta.

John Winston Lennon fue un joven rebelde y con un talento especial para la música. Su gran pasión por la figura de Elvis Presley le motivó para formar junto a sus compañeros de escuela un grupo de skiffle y rock and roll. En 1957 nació The Quarrymen y la semilla del grupo más popular de la historia de la música quedaba plantada. Progresivamente se fueron uniendo Paul McCartney y George Harrison, al mismo tiempo que el nombre de la formación derivaba hacia The Silver Beatles antes de reducirse a The Beatles. El batería Pete Best y el bajista Stu Sutcliffe completaron la alineación que el grupo presentó en su viaje a Hamburgo, donde fueron contratados en 1960 para ejercer de animadores en varios locales del barrio chino.

Tras el periplo germano de casi dos años regresan a Liverpool con un mayor bagaje profesional y se convierten en habituales del club The Cavern. Ya sin Sutcliffe, Brian Epstein, dueño de la tienda de discos Nems les descubre y se convierte en su manager. No le resulta sencillo a Epstein conseguir un contrato en ninguna de las discográficas más relevantes del panorama londinense, hasta que se cruza con George Martin, productor de Parlophone, sello subsidiario de EMI. Más allá de lo empresarial, las decisiones de Epstein influyen al grupo en otros terrenos como la estética con fines comerciales: moldeó el look de la banda hacia un estilo más moderada, dejando atrás la rebeldía de la etapa alemana. Los trajes a medida y un pelo más cuidado sustituyen a las chupas de cuero y el cabello enmarañado. También es el encargado de enseñarle la puerta de salida a Best, previa recomendación de Martin. Con la elección de su relevo, Ringo Starr, el legendario cuarteto quedaba formado. Todo estaba  listo para la llegada de la beatlemanía.

El 5 de octubre de 1962 salió a la luz en Reino Unido el sencillo Love me do. Compuesta tres años antes por Lennon y McCartney, la canción no pasaría del puesto número diecisiete en las listas de ventas, pero ya nada iba a detener el terremoto musical (y social) que estaba por llegar. Un fabuloso estruendo que evolucionaría el rock and roll hacia sonidos más vanguardistas y que le abriría de lleno las puertas de la música popular. Tal revolución merece, como no puede ser de otra manera, un capítulo exclusivo (que no tardará en llegar) al margen de este repaso general sobre la historia de la música rock.

(I can’t get no) satisfaction (The Rolling Stones, 1965)

The Rolling Stones, el lado salvaje del Rythm & Blues británico.

The Rolling Stones, el lado salvaje del Rythm & Blues británico.

No sólo en Liverpool recibió el rock las sesiones de chapa y pintura que necesitaba para levantarse después de la zozobra de los últimos cincuenta. En Londres surgiría la banda (sin olvidar a otras como Them, The Animals o The Yardbirds) capaz de reanimar el fuego del rock and roll primitivo, de recuperar la esencia de una música gestada desde la rebeldía vital; en definitiva, de devolver al género las cartas de nobleza salvajes con las que había nacido. Seguidores del rythm and blues americano y de los clásicos intérpretes negros del blues más crudo (sobre todo los de Chicago), los Rolling Stones dejaron atrás las melodías populares, las armonías vocales y las letras despreocupadas de sus paisanos del norte. Al mismo tiempo definieron la actitud asociada desde entonces con el rock, relacionada con el hedonismo, la provocación, la indiferencia y la soberbia. Para los más puristas, unos principios amorales. Para la juventud, nuevas formas de expresión más laxas frente a los corsés sociales anteriores.

Dos amigos, enamorados de los sonidos negros procedentes de Estados Unidos, se reencuentran en 1960 en una estación del metro de Londres. Son Mick Jagger y Keith Richard, dos antiguos compañeros de escuela que en ese momento comparten amistad con Dick Taylor. Éste último, junto a Jagger,  interpretaba versiones de temas blues americanos en una banda llamada The Blue Boys, por lo que lo evidente se hizo efectivo, y Richards no tardó en incorporarse a la misma. Mientras tanto, llegaba a la capital Brian Jones para colaborar con Blues Incorporated, músicos precursores del rythm and blues británico liderados por Alexis Korner. El grupo solía actuar todos los sábados en el Ealing Blues Club, una especie de santuario para todos los seguidores de los sonidos de origen norteamericano. Fue allí donde Jones coincidió por primera vez con los miembros de The Blue Boys, y de su conversación surgiría el acuerdo para formar una de las bandas más grandes de todos los tiempos. En 1962 los Rolling Stones nacían (el nombre se le ocurrió a Brian Jones después de escuchar la canción Rollin’ Stone del bluesman Muddy Waters) con Mick Jagger como vocalista, los guitarristas Keith Richard y Brian Jones, el bajo Bill Wyman e Ian Stewart (conocido como el sexto Stone) en el piano.

El sonido de los Stones reflejó, en sus inicios, su afinidad por el blues de Chicago representado por el ya mencionado Waters, y por otros como Jimmy Redd, Little Walter o Slim Harpo; una versión eléctrica del blues, seña de identidad de los jóvenes músicos británicos de la época. No se debe olvidar tampoco la influencia de dos géneros de más reciente aparición, como el rock and roll de los cincuenta, en su versión más negra con Chuck Berry y Bo Diddley a la cabeza, o el incipiente soul de los sesenta, de autores como Otis Redding, Solomon Burke o Rufus Thomas. Desde los primeros sencillos (Come on, 1963) hasta la publicación del disco Aftermarth (1966), la mayoría de grabaciones del grupo se basaron en excitantes versiones de los artistas anteriormente nombrados (y algunos otros como Wilson Pickett o Sam Cooke). Es en el citado álbum de estudio cuando Jagger y Richards se lanzaron a la composición personal. Antes, sin embargo, ya habían dado muestras de su potencial en el celebérrimo hit (I can’t get no) satisfaction, incluido como sencillo en Out of our heads (1965). Los éxitos no habían hecho más que empezar. Los diabólicos Rolling Stones comenzaban una carrera que les conduciría hasta el Olimpo musical alternando una batería de obras maestras con todo tipo de escándalos públicos debido a su transgresor estilo de vida. Haciendo gala, además, de una sensibilidad musical tal que  se demostraría en la variedad estilística e instrumental de la mayoría de sus trabajos: del blues, el rock and roll y el rythm and blues de los inicios, los Stones supieron adaptarse a las nuevas olas psicodélicas, al punk, a la música disco, el reggae o a la electrónica.

Like a Rolling Stone (Bob Dylan, 1965)

Bob Dylan y el giro eléctrico del Folk.

Bob Dylan y el giro eléctrico del Folk.

Tras la revolución musical inglesa, Estados Unidos encontró su propia respuesta al estancamiento del rock and roll de finales de los cincuenta. Una nueva hornada de músicos-poetas, cansados de esa insustancial música popular, se aventuró al reencuentro de las raíces folclóricas norteamericanas. Por su compromiso social, se desmarcaron del lado más frívolo del rock, integrando en su repertorio el espíritu contestatario que proclamaba por los derechos civiles y rechazaba la segregación racial, el puritanismo sexual y la corrupción política. Junto a otros jóvenes en los sesenta compartieron la misma mentalidad rebelde, las mismas esperanzas y los mismos mentores contraculturales: el inconformista grupo de escritores conocidos como beatnicks (posteriores inspiradores del movimiento hippie), con Allen Ginsberg, Jack Kerouak y William S. Burroughs a la cabeza.

La autenticidad y el purismo por encima de todo. La generación que electrificó el folk buscó, con su espíritu crítico y sus letras afiladas, cambiar el mundo a través de la música. De entre todos ellos, un personaje encarnaría el papel de líder, por no decir mesías, del movimiento lírico e insurgente del folk. Desde Minessotta, Bob Dylan. Un enamorado de la canción tradicional de Woody Guthrie o Pete Seeger, autores con un acentuado compromiso político. Nacido en el seno de una familia judía dedicada al comercio, el joven Robert Allen Zimmerman pronto mostraría su afición por el blues, el rock and roll y los ambientes bohemios de su comunidad. En 1961, con apenas veinte años, desembarca en Nueva York. Allí no tarda en codearse con la flor y nata de la intelectualidad local, antes de conseguir su primer contrato con la discográfica Columbia de la mano del cazatalentos y productor John H. Hammond.

Su primer álbum (Bob Dylan, 1962), con sólo un par de canciones escritas por él mismo, fracasa de forma notoria, lo que le lleva a comprender la importancia de firmar sus propias composiciones. Con el giro de dirigir la mirada hacia la realidad circundante y contemporánea, en lugar de las viejas historias relatadas. Con los ojos bien abiertos, comienza su etapa más creativa, la que le lleva a escribir sus más aclamadas canciones de protesta, incluidas en los discos The freewheelin’ Boy Dylan (1963) y The times they are a-changin’ (1964). Poco después descubre a los Beatles y al resto de renovadores británicos, revelación decisiva para recuperar su vena más cercana al rock y alejarse del folk más purista. Así completaba la transición de icono revolucionario hacia estrella del rock por obra y gracia del giro eléctrico de sus canciones. Su carrera continuó por caminos imprevisibles y a veces contradictorios, pero siempre impregnados por la voz que mejor supo captar el alma de su tiempo.

Good vibrations (The Beach Boys, 1966)

The Beach Boys, la cara amable del refrescante Surf Rock.

The Beach Boys, la cara amable del refrescante Surf Rock.

Al otro extremo del país, mientras en el este se reagrupaba la intelectualidad del país con fines reivindicativos, una más despreocupada costa oeste cobijaba hordas de jóvenes acomodados con ganas de pasárselo bien. El hedonismo conquistó el litoral  de California provocando que las playas, el surf, las chicas y los coches monopolizaran el interés de toda una generación optimista en pleno mandato presidencial de John F. Kennedy. En medio de aquella casi mitológica tierra aparecieron, entre las olas de un mar a cámara lenta y la luz de un sol cegador, las armoniosas voces sobre ritmos pegadizos de los Beach Boys. La nueva ola rock provocada por Elvis Presley y sus coetáneos cautivó a un grupo familiar de Los Ángeles que en los sesenta se convirtió en la principal respuesta del rock and roll americano blanco frente a la amenaza británica.

Pronto comienzan en el mundillo amateur de las actuaciones. Los tres hermanos Wilson (Brian, Dennis y Carl), el primo Mike Love y el vecino Al Jardine, admiran los arreglos vocales de los Everly Brothers y de los Four Freshmen, y su afición por el novedoso género hace el resto. De todo el clan Wilson, sólo Dennis (el mediano de hermanos) demostró una verdadera pasión por el surf. Suya fue la sugerencia a su hermano mayor Brian, el gran talento musical de la saga, de dedicarle una canción a aquel divertido y refrescante deporte. El resultado de aquel consejo fue Surfin y en 1962 la banda consigue un contrato con el sello Capitol. El futuro les pertenecía; y no desaprovecharon la ocasión, encabezando el  movimiento surf rock con sus contagiosas melodías, los ornamentos vocales y las letras resplandecientes. Los himnos a la juventud de los Beach Boys se reproducen por todo el país. Con el paso del tiempo, las ansias creativas del peculiar Brian completan la evolución de los californianos hacia letras y sonidos más maduros (no sin antes enfrentarse a la discográfica y a sus propios compañeros), que expresarían los problemas de la adolescencia y la traumática transición hacia la edad adulta. Abandonando, de hecho, las inocencias y superficiales temáticas previas. Obsesionado por ganarse el respeto de todos, sobre todo de su alter ego británico (los Beatles), Brian Wilson regala al mundo el monumental Pet Sounds (1966), repleto de piezas sutiles y barrocas con un amplio sentido experimental, sin abandonar del todo la senda popular.

Lo que vino después no fue la historia feliz que se adivinaba, sino la progresiva caída de un grupo destinado a alcanzar cotas todavía mayores. La demencia progresiva de Brian Wilson, el lado oscuro del talento responsable del brillante legado de la banda, le llevó al extremo de bloquear la publicación del genial disco que el mismo había parido: Smile, la potencial versión americana del Sgt. Pepper’s de los Beatles. De repente, el otoño llegaba a las doradas playas del oeste. El verano infinito que nos prometieron los Beach Boys se esfumó de pronto. Entre tanto, otro movimiento ligado con la juventud, las drogas y la música se estaba fraguando en California: la psicodelia.

Light my fire (The Doors, 1967)

The Doors, Blues psicodélico entre letras nilihistas.

The Doors, Blues psicodélico entre letras nilihistas.

Permeable a las vicisitudes históricas contemporáneas (al menos en sus inicios), el rock siempre funcionó como termómetro social de los vaivenes políticos de cada época. Corría el año 1965 cuando el ejército de Estados Unidos inició sus intervenciones en la Guerra de Vietnam. La decisión del gobierno demócrata de Lyndon B. Johnson provocó una catarata de reacciones en varios sectores de la sociedad norteamericana, especialmente en los estudiantiles. El paso de los meses terminó de enquistar la situación, sumiendo al país en una profunda crisis moral. El desarrollo del medio de comunicación del momento, la televisión (el enfrentamiento vietnamita se considera como el primero televisado de la historia), contribuyó a que las imágenes viajaran para llenar de vergüenza las mentes más progresistas. El descontento de aquellos que rechazaban el sistema de valores oficial alcanzó su punto álgido en 1967, con la concentración de cientos de miles de personas relacionadas con el movimiento hippie a la ciudad de San Francisco. El Verano del Amor, como fue conocido aquel evento, acunó el brote de las nuevas ansias contraculturales. Su nuevo credo pacifista, espiritual y reivindicativo, defensor de las drogas y el sexo, encontró en el rock el vehículo ideal para difundir su mensaje de amor y hedonismo. El folk local y el blues rock de los grupos protagonistas de la Invansión Británica secundaron a la perfección a la recién llegada psicodelia, un nuevo giro musical relacionado con todos los ingredientes de la nueva corriente.

Por las calles de la ciudad californiana desfilaron una cantidad significativa de artistas afines a la corriente que concitó en la escena musical de la ciudad californiana la atención de todo el mundo: The Mamas & The Papas, Grateful Dead o Jefferson Airplane, entre otros, no faltaron a la cita. Pero aquellos que agarraron con más fuerza la bandera de la contracultura, proclamando un estilo de vida más cercano a los excesos que al amor fraternal, fue la banda fundada por un rapsoda del caos y un virtuoso del teclado: The Doors. La historia de la (seguramente) banda más provocadora de siempre comenzó en la playa de Venice (Los Ángeles), justo en el instante en que dos viejos estudiantes de cine de la Universidad de UCLA, Jim Morrison y Ray Manzarek, se reencuentran y deciden formar una banda. El resultado de tan decisivo encuentro fue la creación de un sonido novedoso, completado con la guitarra Robby Krieger y la batería John Densmore, a caballo entre el blues y la psicodelia, salpicado por las tendencias clásicas de Manzarek, el registro aflamencada de Krieger y el origen jazzístico de Densmore. Los discos se sucedían (seis álbumes de estudio entre 1967 y 1971) repletos de letras desconcertantes y dionisíacas, melodías hipnóticas y una puesta en escena  entre lo teatral y lo erótico, que catapultaron al grupo y a su nihilista líder a la cima de la música popular.

Más allá de lo musical, el carácter autodestructivo de Morrison expuso a la banda a un reguero constante de provocación y exhibicionismo alimentado por el abuso de las drogas, que tuvo su punto y final cuando su cuerpo apareció sin vida dentro de la bañera del apartamento parisino en el que había decidido fijar la sede de su retiro poético y espiritual.

Purple haze (The Jimi Hendrix Experience, 1967)

Jimi Hendrix, leyenda de la guitarra eléctrica.

Jimi Hendrix, leyenda de la guitarra eléctrica.

Bien entrados los sesenta, un antiguo y melancólico sonido reaparecería con fuerza para subirse a la ola de la música que dominaba la escena desde hacía más de una década. El viejo blues se alió con el rock para fusionar las repetitivas notas del primero con los virtuosismos rítmicos de las guitarras eléctricas. Curiosamente fueron los británicos, amantes incondicionales de las composiciones de los antiguos bluesman americanos, los que cocinaron la receta y rescataron del olvido la obra de unos artistas marginados en su propio país. Las canciones de Muddy Waters, Elmore James, John Lee Hooker o Howlin’ Wolf inspiraron la obra de músicos como John Mayall (The Bluesbreakers), Eric Clapton (Cream), Jeff Beck (The Yardbirds) o Jimmy Page (Led Zeppelin), todos ellos magistrales guitarristas que utilizaron la plataforma del blues para despegar hasta el Olimpo de las seis cuerdas. Como curiosidad, algunos de aquellos intérpretes condenados al ostracismo más absoluto (fue el caso de Muddy Waters) supieron reengancharse al nuevo boom eléctrico para granjearse un más merecido y exitoso tramo final de carrera. De nuevo el Reino Unido reinterpretaba los mecanismos de un género para presentarlo lustroso ante el público, si bien no sólo desde las islas surgieron los nombres legendario del blues rock.

Jimi Hendrix, americano de nacimiento, aprendió a tocar la guitarra de forma autodidacta a los once años. Con veintidós, y tras participar en una gira por todo el país con los Isley Brothers, se traslada a Nueva York, donde pronto forma el grupo Jimmy James & The Blues Flames. Corría el año 1965. En una de las actuaciones de la banda en el Cafe-A-Go-Go, local frecuentado por Bob Dylan, los Beatles y los Rolling Stones, Chas Chandler, promotor inglés antiguo bajista de los Animals le anima a hacer las maletas y a trasladarse a Londres para comprometerse con el manager Michael Jeffrey. Ya en su nuevo destino, emerge la Jimi Hendrix Experiencie, junto a Noel Redding (guitarra) y Mitch Mitchell (batería).

El éxito es inevitable. Tras la publicación de Are your experienced (1967) regresa a Estados Unidos vía festival de Monterrey. En la ciudad californiana, Hendrix daría rienda suelta a su lado más salvaje y sexual bajo su siempre aspecto sofisticado y elegante. Allí supera las previsiones y el país se rinde ante él. Sin embargo, el reconocimiento no le realiza. El corsé del pop asfixia su vena creativa, por lo que decide trascender sus códigos y adentrarse en nuevos caminos experimentales. El nuevo carácter renovador de Hendrix, empeñado en alcanzar el respeto de todos a través de nuevos sonidos, da un giro a su carrera. El trío se tambalea entre abusos de drogas, discos formidables y conciertos salpicados por eternas improvisaciones y solos psicodélicos. Una noche de 1970, el rey negro del rock moría ahogado en sus propios vómitos tras una ingesta de barbitúricos. Tras de sí quedaba un legado incontenible de revolución estética y estilística en el mundo del pop. La figura endiosada del súper guitarrista había llegado para quedarse, mientras quedaban sentadas las bases de la siguiente evolución del rock: el hard rock y el heavy metal.

(Continuará)

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3 comentarios
  1. Luis Serrano
    Luis Serrano Dice:

    Wow, tío, qué puedo decir. Es un magnífico artículo, lo has dicho todo; estoy ansioso por seguir leyendo próximas entregas. Ni qué decir tiene que varios grupos mencionados son parte de mi top personal y por qué no decirlo, parte de la banda sonora de mi vida,así como de muchísima gente más. No solo fueron músicos que nos regalaron melodías inolvidables sino auténticos símbolos de la contracultura. Mis felicitaciones.

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